domingo, 2 de abril de 2017

Albert Fish, vampiro y caníbal de niños

Otro vampiro de gran renombre, y de nacionalidad americana, fue Albert Fish, cuyo vampirismo se asemeja mucho al del alemán Haarmann.

Fish había nacido en Washington, distrito de Columbia, en 1870, y fue ejecutado por el asesinato lujurioso de Gracia Budd, una niña de unos 10 años, aunque se cree que Fish ya había asesinado y "devorado" de 10 a 15 niños y niñas.

Cuando lo detuvieron en su apartamento, se hallaron muchos recortes que trataban del caso Haarmann, recortes cuyas fechas demostraban que a este vampiro lo habían ejecutado 4 años antes.

Albert Fish puede tal vez ser definido como el criminal más repulsivo de todos los tiempos. En efecto, no solamente era un asesino y caníbal, sino que además gustaba de redactar cartas obscenas, era coprófago, o sea, devorador de excrementos, pedófilo y ninfófilo, masoquista, insertándose alfileres en su cuerpo, aparte de flagelarse con un remo erizado de púas, y por encima de todo era sádico.

Como es fácil suponer, casi todos sus familiares eran deficientes mentales, y a Fish lo habían castigado brutalmente a partir de los 5 años, aunque para él los azotes constituyeron un verdadero estímulo erótico. Más adelante se proclamó Cristo, afirmando que era un instrumento de la vengaza de Dios contra la depravación de la Humanidad.

En su proceso se trató exclusivamente del asesinato de la niña Gracia Budd, cuya muerte llevó a cabo del modo siguiente:

Tras leer en un periódico que se necesitaba un mozo en una granja, anuncio insertado por el hermano mayor de Gracia, Fish se presentó allí con la intención de llevarse al muchacho al campo y castrarle, mas al observar la corpulencia del joven agricultor, abandonó la idea. Después, trabajando ya en la granja, vio a Gracia y decidió hacerla su víctima.

Una vez hubo conquistado la confianza de la familia, pidió permiso para llevar a Gracia a una fiesta, que era en realidad la celebración del cumpleaños de una amiguita de Gracia. Fue entonces cuando Fish la atrajo a una casa abandonada y allí la asesinó y la descuartizó.

Su declaración fue ésta:
«Entré en la casa y me desnudé totalmente. Después me asomé a la ventana y llamé a Gracia. Cuando ésta entró a su vez y me halló desnudo, empezó a chillar:

- ¡Se lo contaré a mamá!

Casi sin darme cuenta la cogí por el cuello, la arrastré al interior de la vivienda y la dejé en el suelo. No ofreció la menor resistencia, pues era una chiquilla muy frágil. Aquélla fue la mayor sorpresa de mi vida. Le coloqué una rodilla sobre el pecho y en aquel instante exhaló el último suspiro, aliviándola de esta existencia de catástrofes y desdichas.»
Explicó a continuación, como aclaración a sus últimas palabras, que «ya sabía que la niña al crecer sería objeto de ultrajes y torturas, por lo que decidí sacrificarla para salvar su futuro».

Una vez hubo muerto la niña, la desnudó y le cortó la cabeza con un hacha. Después aserró el cuerpo por la mitad y la desmembró para poder transportar mejor el cadáver. Se lo llevó todo, menos la cabeza que dejó en la casa abandonada. Y durante 9 días se alimentó con aquellos restos, junto con vegetales y trozos de tocino. Fue durante este período canibalesco cuando su excitación sexual llegó al grado máximo.

«Beber su sangre me producía verdaderos arrebatos de éxtasis sexual», declaró también Fish.

Después del crimen, y durante unos 6 años, Albert Fish escribió cartas de carácter obsceno a los padres de Gracia, a intervalos irregulares, describiendo sus escenas de sadismo, vampirismo y canibalismo, practicadas en Gracia y en otras chicas, aunque siempre negó que hubiera violado a sus víctimas.

En sus cartas siempre figuraba la misma frase:

«No las violé. Murieron vírgenes».

Fueron las cartas las que condujeron al arresto del vampiro, el cual confesó al momento, pues su conciencia le atormentaba inconscientemente.

Ya en la prisión, un examen médico reveló que se había introducido en el cuerpo 29 alfileres, muchos cerca del recto y los genitales. Esta inserción de alfileres no había provocado derramamiento de sangre, aunque sí dolor, lo que es sintomático del histerismo.

Sí, Albert Fish fue un psicópata nato, que murió alegremente, ayudando a los verdugos de la silla eléctrica, por cuyo aparato pareció sumamente interesado.

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