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sábado, 23 de septiembre de 2017

Distintas teorías sobre el origen de las Hadas

Popularmente, se cree que las hadas y el resto de la Gente Menuda se remontan a los tiempos más
antiguos de la Tierra, cuando todavía estaban en formación los montes y los océanos y aún no había
surgido el primer homo sapiens. Vivían en un lugar determinado del planeta, aunque no tardaron en
extenderse por zonas y regiones cada vez más alejadas entre sí, al tiempo que se iban formando las
montañas, los mares y los ríos, y aparecía el hombre primitivo.

Para explicar su remoto origen, existen una serie de leyendas que entroncan casi todas ellas con una
fuente común: la «caída» de los ángeles. Veamos algunas:
  • Los celtas y los eslavos aseguran que estos seres descienden de los ángeles rebeldes, los cuales fueron obligados a vivir en el mar, en el aire o en los profundos abismos de la tierra.
  • La tradición bretona puntualiza mucho más diciendo que, después de la Guerra de los Cielos, los ángeles «buenos» se quedaron aquí, y los ángeles rebeldes fueron arrojados al infierno, en compañía de Lucifer, mientras que los que permanecieron neutrales se quedaron en la Tierra como hadas y elfos. Esto trajo problemas con su alma, como veremos un poco más adelante.
  • Otros pueblos piensan que las hadas no son más que las almas de los antiguos antepasados o niños muertos sin haber recibido el bautismo, asociando el Reino de las Hadas al Reino de los Muertos.
Puestos a elegir, personalmente prefiero una versión islandesa que nos remonta al Paraíso Terrenal en
el que hallábase Eva lavando a sus hijos en las orillas de un río cuando Yahvé le habló. Asustada,
escondió a los hijos que no había lavado todavía, y le preguntó Yahvé si estaban allí todos sus hijos, y
ella le contestó que sí. Como no le convenció esta respuesta, advirtió a Eva que aquellos que le había
ocultado quedarían ocultos al hombre también. Estos niños se convirtieron en elfos o hadas, y en los
países escandinavos se les denominó como la raza huldre. Las jóvenes huldre son de una gran belleza, pero provistas con largas colas de vaca o apareciendo con las espaldas hundidas, y sólo son hermosas de frente, respondiendo así al engaño de su origen.

Lo cierto es que todas las culturas y todos los pueblos primitivos han adorado a viejos espíritus de la
naturaleza, suscitados por el animismo creencia religiosa que considera que todo ser viviente y todo
objeto alberga un espíritu o fuerza interior, que más tarde dieron nacimiento, entre los babilonios y los griegos, a deidades terrestres y acuáticas, con toda una sofisticada genealogía de dioses. Se han
formulado muchas teorías sobre la posible etimología de las hadas, haciéndolas algunos descender de
antiguas divinidades celtas (la diosa Dana) y otros de las Dianas romanas. En realidad, tanto su origen como sus posibles etimologías se pierden en la noche de los tiempos al tratarse de seres que se han ido adaptando a las circunstancias de las épocas, pues no siempre se han llamado hadas, ni ninfas, ni lamias, ni elfos… pero siempre han permanecido con nosotros, eso sí, con diversas apariencias y revestidos de numerosos nombres.

Entre los pueblos germánicos y celtas, la evolución de estas creencias arcaicas originó una multitud
de seres fabulosos con los que se poblaron los bosques y selvas de la vieja Europa, alcanzando una
mayor popularidad entre todos ellos los enanos (recordemos a los Nibelungos) y las hadas. Se ha creído ver en estas criaturas el recuerdo de algunas razas humanas de menor tamaño que hace mucho tiempo (el érase una vez… de los cuentos) habrían habitado la Tierra y que, huyendo de las razas de hombres de mayor estatura, se refugiaron en las regiones más inaccesibles (sobre todo en el interior del planeta), pero conservando ciertos poderes que de alguna manera los hacían superiores al resto de los humanos.

Con el paso de los milenios, las hadas se dispersaron y vieron cómo tomaban forma los ríos, las
fuentes y los seres vivos. A continuación se especializaron. Unas, las hadas de los bosques y de las
llanuras, se transformaron en protectoras de los seres vivos, de las plantas, de los animales y, por
supuesto, del hombre, al que apoyaron en sus difíciles comienzos. Se dice que con su ayuda se levantaron los dólmenes, situados en lugares especiales para controlar las fuerzas telúricas y mejorar la agricultura o controlar a las fuerzas de la naturaleza, como el desbordamiento de los ríos y arroyos o los efectos de los terremotos. Las hadas de las fuentes se establecieron junto a los ríos o en los lagos y facilitaron el agua a las tierras vecinas; las de las montañas cuidaron de los desprendimientos y de los aludes, y las del subsuelo cuidaron de los tesoros de la tierra.

Paso a paso, las hadas controlaron sus formas, que adaptaron en nuestro mundo a nuestra imagen,
pareciéndose a los seres humanos, pero siendo mucho más hermosas. Sin embargo, sus subespecies son infinitas y es imposible recopilarlas, dado que aparecen en todas las culturas y en todo el mundo, con características diferenciales.

La mayor parte de los folcloristas y autores que han estudiado el mundo de los elementales utilizan el
término hada de forma muy amplia e incluso genérica, para denominar a todos los tipos de mujeres
sobrenaturales de los cuentos y leyendas. Este fenómeno no es sólo propio de nuestro país, sino que se extiende a toda Europa, donde la palabra «hada» puede incluso llegar a utilizarse como sinónimo de cualquier elemental (por ejemplo, en Francia e Inglaterra las palabras fée —hada— y elf —elfo— se usan habitualmente como equiparable a «Gente Menuda», por eso se habla de mundo feérico o de mundo élfico). Esto puede aceptarse cuando la referencia se hace sobre el mundo en el que viven estos seres mágicos, que es universalmente conocido como «el País de las Hadas», pero debe limitarse cuando de quien hablamos es de las hadas como tales, a las que podríamos definir como espíritus de naturaleza femenina, vinculadas a las más bellas manifestaciones de la vida, en especial a las flores, a los ríos, a las fuentes, a los bosques y a los niños.

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Han desaparecido las Hadas?

Creo que es conveniente hacer unas pequeñas reflexiones sobre la posible existencia de estos personajes, pues de poco serviría entrar en su vida y milagros si después resulta que todo ha sido fruto de la fantasía de nuestros abuelos. ¿Han dejado alguna huella o prueba de su existencia? ¿Existen abundantes testimonios de gente seria que dice haberlas visto? ¿Hay que creer realmente en estos seres de la mitología? Realmente, es un tema que no deja indiferente a nadie. O se cree en ellos o no se cree.

El mundo de los devas, ángeles, duendes y hadas parece resurgir de nuevo; se está poniendo de moda,
y así lo ponen de manifiesto muchos indicios actuales. La gente se avergüenza cada vez menos de
reconocer que cree en estos seres e incluso que los ha visto —con los ojos del cuerpo o con los del alma—. Cada vez se escriben más artículos y libros sobre ellos, y hasta llegan a decirnos cómo invocarlos, cómo contactar con ellos y cómo descubrirlos, pero lo curioso es que este interés casi súbito por conocerlos no es nada nuevo. La historia nos demuestra que es cíclica en algunos de sus acontecimientos, y a lo largo de otras épocas el olvido por estos personajes ha sido estremecedoramente constante.

En España, al menos desde el siglo XIV, la creencia en las hadas se puso en tela de juicio, razón por
la cual para la doctrina escolástica era la mejor prueba de que éstas existían. En estas lejanas épocas, al parecer, su creencia era tal y sus prácticas estaban tan extendidas, que un cronista de la Corte de
Alfonso XI tuvo que escribir un libro didáctico contra las supersticiones relacionadas con estos seres,
denominado Tratado contra las hadas, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca de El Escorial. El autor de dicho libro fue Alfonso de Valladolid (1270-1349). Eso no impidió que las hadas se siguieran manifestando masivamente, sobre todo en los siglos XVI y XVII, en los cuales, por cierto, la penetración de los elementales fue intensísima en todos los rincones de Europa, para ir progresivamente decayendo a partir del siglo XVIII.

Las hadas, a pesar de que a algunos les moleste su presencia y a pesar del tiempo transcurrido, siguen
interesando a los hombres y se sigue hablando de ellas (este libro es una clara muestra). No caen nunca en el olvido. En todo caso, es su apariencia y su actitud la que cambia respecto a nosotros. Permanecen agazapadas en la invisibilidad y en los cada vez más reducidos espacios naturales y frondosos de la naturaleza. Se transforman en animales, se metamorfosean en nubes o en vientos, se confunden deliberadamente con otras entidades. Permiten formar parte de cuentos distorsionados donde no quedan muy favorecidas, e incluso aceptan de buen grado ser las protagonistas de chistes, bromas o juegos de palabras.

Las hadas han sido vistas en contadas ocasiones porque no tienen costumbre de dejarse observar en
lugares cuyo entorno natural originario esté deteriorado. Al ser consideradas como espíritus de la
naturaleza, protectoras de las flores, de los árboles, de sus aromas y sus esencias, les duele en el alma
ver los bosques talados y calcinados indiscriminadamente, los viejos robles arrancados, las fuentes —
antaño de agua cristalina— sucias, los ríos contaminados y los peces muertos. Sufren enormemente con el deterioro progresivo de nuestra naturaleza, ya que ellas están estrechamente vinculadas a la misma; por tal razón, han ido abandonando poco a poco nuestros bosques, ríos y montes.

Las hadas no podían seguir contemplando totalmente impasibles todo lo que estamos haciendo a
nuestro planeta Tierra, porque nuestro mundo —no lo olvidemos— es el suyo también. En él viven y en él mueren. En la medida que su estado de conservación sea el adecuado, esta raza de seres sobrenaturales sobrevivirá en el tiempo y se seguirán manifestando a su modo, porque están vinculadas tan íntimamente a nuestro planeta que forman parte de su conciencia.

Es cierto que ya no se oyen sus dulces susurros entre los hayedos o junto a los arroyos. Las etéricas
hadas se han ido marchando, y las plantas marchitas o los árboles dañados ya no reciben sus protecciones y sus caricias. Las setas ya no brotan en círculo a sus pies cuando danzan, y en los montes no se siente su presencia acompañada de un suave aroma y un ligero viento.

Apenas se menciona a las xanas en Asturias, salvo por algún entrañable autor que siente y anhela su
presencia. Hace más de cien años que en Cantabria no existen testimonios de haberse visto alguna anjana.

La que vieron por última vez, según Manuel Llano, fue en un atardecer a la orilla de un río. Llevaba un vestido blanco y sobre su cabeza portaba una corona de flores. Al ser descubierta por un aldeano, éste logró retenerla, pero ella le susurró suavemente estas palabras:
Dios me jizo pa
jacer el bien
de noche y de día.
Que tengas alegría
pa toa la vida
si no jaces el mal.
Que Dios te castigue
con el tou su poder
si no me dejas volver.
El aldeano la dejó marchar y le dio algo de comida. Desde entonces ninguna anjana, en su manera
tradicional, se ha dejado ver. No obstante, para los soñadores y los poetas, las hadas siempre han estado vivas, y si, por azar, no hubieran existido nunca, ellos las hubieran creado. El poeta nicaragüense Rubén Darío lo expresó así en un pequeño poema infantil:
Las hadas
las bellas hadas,
existen, mi dulce niña.
Una leyenda sitúa su declive en el advenimiento del cristianismo. Hasta entonces, las hadas reinaban
en las Galias felices y despreocupadas, sin hacer caso de la nueva religión que empezaba a extenderse
gracias a los apóstoles. Incluso las que habitaban en Bretaña no dejaron por eso de bailar, cantar e hilar.

La consecuencia moral es que fueron castigadas y condenadas a vivir reducidas de tamaño hasta el día del juicio final. Algunas, como la reina Mab, son tan pequeñas que caben en una cáscara de nuez. En España igualmente existen varias leyendas que identifican la extinción de las lamias con la llegada del cristianismo, a las cuales tendremos ocasión de echar un vistazo cuando hablemos de ellas en su capítulo correspondiente.

Aun así, las nuevas creencias no consiguieron desplazar del todo a estas criaturas, y su rescoldo se
hace notorio a través del entramado religioso de cualquier época. Están tan extendidas por las leyendas y el folclor de todo el mundo que incluso han servido como fuente de inspiración para un género tan moderno como es la literatura de ficción científica.

De todas formas, el misterio de la desaparición de las hadas a finales del siglo XIX está aún sin
resolver. En Francia, los campesinos de Bretaña consideran que se fueron porque, según explicaron ellas mismas, se aproximaba un terrible siglo «invisible» (el siglo XX). En los pueblos cántabros y astures dicen que se marcharon porque el hombre era egoísta y cruel, y no querían ver la muerte de los bosques, retornando a sus hermosas y subterráneas moradas y a sus lechos resplandecientes de oro y cristal.

Después de mediados del siglo XIX, todos los autores de cuentos y folcloristas de prestigio de Francia e Inglaterra se mostraban de acuerdo en que esta gentecilla se hacía cada vez más tímida a medida que la civilización avanzaba.

James Barrie, el autor de Peter Pan, tiene una personal explicación, mucho más poética y posiblemente mucho más real, sobre la desaparición paulatina de estas entidades: «Cuando un niño dice que no cree en las hadas, cae muerta una de ellas, por eso van quedando tan pocas».

lunes, 29 de mayo de 2017

El sexo de las hadas

El sexo de las hadas es el femenino, por lo que este nombre no debe abarcar al resto de la Gente Menuda, sino solamente al de las Hadas.

Dos ejemplos servirán para ilustrar este aserto. El primero se refiere a la leyenda nórdica del hada Iolanthe (en castellano, Yolanda).

Dicha leyenda cuenta que Iolanthe fue un hada, hija a su vez de la reina de las Hadas, que enamorada de un ser humano adoptó el aspecto de una joven extremadamente bella y acabó casándose con él. El marido falleció unos años más tarde, y la reina de las Hadas y sus amigas convencierón a Iolanthe para que recobrase su verdadero aspecto feérico, cosa que ella hizo, no sin antes confesarle a su madre que años atras había dado a luz un niño, llamado Strephon.

Las hadas quedaron asombradas al oír esta revelación y precipitadamente convocaron una especie de asamblea general, a la que acudieron hadas de todo el mundo (al menos, del mundo habitado por las hadas y demás Gente Menuda). En dicha asamblea se decidió que el hijo de Iolanthe, habida cuenta que era un ser que de cintura para arriba era exactamente igual a un gnomo, mientras que de cintura para abajo era semenjante a un hombre, debía reintegrarse a uno de los dos mundos: o convertirse en un hombre perfecto o en un gnomo completo, y vivir de acuerdo con su aspecto. Llamaron a Strephon, que vivía con la nodriza que al nacer le había buscado su madre Iolanthe, y le preguntaron cuál era su decisión, puesto que, según una de las reglas más rigurosas de la gente menuda, regla que las hadas respetan al parecer estrictamente, nadie puede ni debe influir en nadie.

Iolanthe temblabla mientras esperaba oír la respuesta de su hijo. Si Strephon decidía ser hombre, ella lo perdería para siempre, a no ser que contrariando a su propia naturaleza feérica decidiese también convertirse ya para siempre en una mujer, como lo había sido durante los últimos 30 años. Por otra parte, si Strephon decidía adoptar la naturaleza de un gnomo, ella continuaría siendo un hada, viviendo dichosa hasta la consumación de su existencía, para lo que todavía le faltaban varios siglos de vida.

Pero la declaración de Strephon sumió a todas las hadas, incuida Iolanthe, en el más profundo estupor.

Strephon estaba decidido a ser un hombre completo... ¡porque estaba enamorado de una hoven mortal y estaba ya comprometido para casarse con ella!

Las hadas, de acuerdo con sus reglamentos, no tuvieron más remedio que dar su consentimiento a Strephon, el cual se apresuró a obtener una figura humana en todo su cuerpo. Luego, tras despedirse de su madre y las hadas, voló a reunirse con su amada, hija de un rey muy poderoso. Iolanthe, por su parte, decidió quedarse en el país de las hadas, ese país invisible que abarca el mundo entero, aunque sin por eso dejar de vigilar de vez en cuando a su hijo.


Emanuel Schikaneder fue el autor del libreto de la ópera "La flauta mágica", cuya música compuso el inmortal Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque se pretende que dicha ópera tiene un carácter pronunciadamente esotérico, cosa que apenas puede negarse a la vista de los símbolos que entraba su argumento, también es cierto que algunos de sus personajes, como la Reina de la Noche, las Tres Damas y los Tres Jóvenes, son tipos inconfundiblemente pertenecientes al mundo de la Gente Menuda. Se trata, en suma, de cuatro hadas, entre ellas una reina, que además es madre de la protagonista de la obra, Pamina.

Por consiguiente, en este caso nos encontramos con otra hada, y nada menos que una de las reinas, que es madre de una joven que no pertenece realmente al submundo de la Gente Menuda, sino que es un ser humano, enamorada del galán Tamino, a quien protege Papageno, que viene a ser un remedo del Fautista de Hamelin... y seguimos viviendo en el mundo feérico de las hadas, los elfos y los gnomos¹.

En esta leyenda, pues, volvemos a hallar un hada, madre de un ser mortal, lo que significa que en algún instante de su vida dicha hada tuvo que cohabitar con un hombre, adoptando, por tanto, ella también, figura humana.


Respecto a la cuestión que nos ocupa, no es posible negar que las hadas son seres que, si en algún instante de su existencia pueden adoptar una figura humana, lo hacen dentro del sexo femenino, lo que no deja duda de que las hadas pertecen sólo y exclusivamente a este sexo, por lo que jamás se las debe confundir ni asimilar a los gnomos, elfos o duendecillos, todos ellos pertecentienes al sexo masculino.

En el mismo caso que las hadas se encuentran las ondinas, las náyades, las sílfides y las sirenas, que en realidad deben ser consideradas como hadas habitantes de mares, ríos y lagos.


1 Alguien ha supuesto que todos los personajes que intervienen en la ópera de Schikaneder y Mozart son en realidad miembros de la comunidad de la Gente Menuda, pero esto lo desmiente rotundamente Papageno cuando, al presentar a Tamino, le dice:
- Wer ich bin? Dumme Frage! Ein Mensch wie du! (¿Quién soy yo? ¡Vaya pregunta necia! Un hombre como tú).
Esta declaración elimina cualquier duda respecto a la naturaleza de algunos de los protagonistas de esta ópera, basada también en una antigua leyenda germana, como la de los Nibelungos, a la que aludiremos más adelante. 

viernes, 3 de marzo de 2017

5 casos de Hadas que te darán que pensar

¿Te has preguntado alguna vez si existen las hadas? Estos seres considerados espirituales son muy difíciles de ver pero aseguran quienes creen siempre están a nuestro alrededor, especialmente en la naturaleza. He reunido los casos más llamativos.


Descubren extraños esqueletos en un sótano de una casa londinense


En 2006, cuando se iba a demoler un antiguo orfanado en Londres, se descubrió un sótano clausurado con cientos de cajones que contenían una colección de miles de artefactos propios de un museo del horror.

Especímenes extraños y diarios misteriosos pertenecientes a Thomas Theodore Merrylin, un sujeto que dedicó gran parte de su vida a la colección y estudio de especímenes raros, un criptonaturalista, zoólogo alternativo y xenoarqueólogo que nacido en Inglaterra en 1782.

Ahora, tanto artefactos como esqueletos son conocidos como la Colección Cryptid Merrylin.

Merrylin dedicó su vida a esta colección y al estudio de estos raros especímenes, que nadie puede determinar si son verdaderos o no. Entre ellos esta particular "hada" ¿existen realmente las hadas?


Las Hadas de Cottingley


En julio de 1917 Elsie Wright y Francés Griffiths, dos jóvenes primas que vivían en Cottingley, cerca de Bradford (Inglaterra) se tomaron una serie de cinco fotografías al lado de unas presuntas hadas. El asunto se hizo público por primera vez en el verano de 1919, durante una reunión de la Sociedad Teosófica de Bradford.

Un prominente espiritualista Sir Arthur Conan Doyle, había recibido un encargado del The Strand Magazine para escribir un artículo sobre hadas que se publicaría a finales de noviembre de 1920. Lo estaba preparando cuando oyó hablar de las fotografías de las hadas.

Las fotografías de las hadas de Cottingley provocaron acalorados debates. Para Sir Arthur Conan Doyle fueron la prueba tan esperada de la existencia de espíritus, pero para mucha gente eran sólo unas audaces falsificaciones.

De hecho, en 1981 Elsie Wright y Francés Griffiths admitieron haber falsificado todas las fotografías excepto una, pero insistieron en que realmente habían visto las hadas.

Desde el caso de las hadas de Cottingley muchos han sido lo que han tratado de emular a estas dos niñas o han asegurado, realmente, haber visto hadas.


El hada madrina mexicana


Un caso reciente tuvo lugar en 2011, en la colonia San José Río Verde, en Guadalajara, Jalisco (México) donde casi tres mil personas hicieron cola frente a la casa donde se había capturado un “hada madrina”.

El hombre cobraba entre uno y tres pesos mexicanos por ver lo que ya era el cadáver del hada. El obrero que la capturó, un tal Maldonado aseguró que la mató sin querer al intentar atraparla.

Sin embargo, el "mágico" hallazgo llegó abruptamente a su fin después de que un usuario de Twitter revelara que el hada no era más que una figurita de plástico, un souvenir de Disney.


¿Hadas extraterrestres?


Un año más tarde, en 2012, y también en México, un joven halló en una zona boscosa del municipio de Tultitlán, dos cuerpos de criaturas desconocidas que parecen hadas.

Su descubridor, que padecía un problema auditivo, aseguró sentir una interferencia en su audífono antes de escuchar ruidos de niños. Fue entonces cuando pudo ver lo que inicialmente confundió con un insecto… pero no era tal.

Como se muestra en la imagen, las alas superiores de la presunta hada parecen replegarse como las de un murciélago mientras que las alas posteriores tienen cierto parecido a las de los escarabajos. A esta extraordinaria fisiología corporal hay que añadir que los misteriosos seres tienen dientes afilados y orejas alargadas, una imagen muy alejada de la angélica Campanilla de Peter Pan.

Carreon Enrique Ortiz, un biólogo de un laboratorio de salud, descubrió fragmentos microscópicos de estructuras celulares que lo incitaron a promover la idea de que se trataba de una nueva especie de insecto o de una mutación genética.

Otros se inclinan por calificar al misterioso ser como una mutación alienígena.


Un hada en el Reino Unido


Lisa Wildgoose, una fotógrafa de 42 años que trabaja en Northampton, Inglaterra, se encontraba en el bosque Bluebell, cerca de Towcester, cuando captó esta increíble imagen,


No fue consciente de lo que había obtenido hasta llegar a casa y empezar a revisar las fotografías de diferentes flores que había realizado. En una de ellas observó una misteriosa figura. Madre de dos hijas decidió subir la imagen a su cuenta de Facebook con el siguiente mensaje:

“¿Qué demonios podía ser la misteriosa figura voladora?”, reflexionó Lisa. “Yo estaba muy sorprendida y asustada al principio. Pensé que probablemente era una mosca o un insecto exótico, pero cuando lo vieron mis hijas, no tuve ninguna duda. Se trata de un hada real”

Cualquier duda quedó resuelta cuando sus dos hijas de cinco años, Mia y Madison, confirmaron lo que estaba pensando su madre y con entusiasmo gritaron: “Eso no es un mosca, eso es un hada”. Como se puede apreciar, la fotografía muestra claramente una pequeña figura alada volando alegremente cerca de una “campanilla azúl de las rocas (Convolvulus)” con el pelo rubio y zapatillas brillantes.

sábado, 28 de enero de 2017

Origen del nombre «Hada»

El nombre castellano de «hada» proviene del latín fatum y, por tanto, del italiano fata. En catalán se ha conservado la f inicial, en fada, mientras que en castellano, como en muchas palabras que en latín empiezan con f, se cambió ésta por una h, y así tenemos la palabra hada.

Esta palabra latina, fatum, significa destino, fatalidad, oráculo, predicción, etc, lo que indica que existe la creencia, que se remonta a la Edad Media, de que una hada es un ser que puede influir en el destino de los mortales, con la clarividencia de los hechos futuros.

Por otra parte, en los países de lengua sajona, dan el nombre de Fairy (fairies en plural) a un hada, pero en realidad ese nombre proviene a la vez del francés Fée, de donde ha derivado el nombre más o menos genérico de feérico, refiriéndose al mundo de las Hadas y demás Gente Menuda.

Asimismo, en los países nórdicos particularmente, se ha tendido siempre a designar con la palabra fairy a todos los componentes de la Gente Menuda, es decir, no solamente a las hadas propiamente dichas, sino también a los elfos, gnomos, ondinas, sirenas, etc, lo cual es a todas luces un error, puesto que, y aquí entramos en una cuestión que siempre se ha prestado a discusión, las hadas pertenecen exclusivamente al sexo femenino.


miércoles, 11 de enero de 2017

Prototipo del Hada

El prototipo que mentalmente todos hemos tenido de un hada era, y es, el de un ser de sexo femenino, de apariencia joven, dotada de grandes poderes, minúscula, generalmente desnuda, con alas y con una varita mágica en la mano. Walt Disney fomentó en parte esta imagen del hada madrina en su película Cenicienta, aunque vestidas con grandes ropajes y no tan jóvenes. Han sido vistas y descritas por varios testigos, así como por videntes. Todos ellos coinciden en que, si bien muchas tienen alas, no las necesitan para volar.

Lo cierto es que en España, sobre todo en las zonas donde la tradición de las hadas no está tan arraigada, venía muy bien este estereotipo de hada para los cuentos infantiles. Incluso una escritora española como María Luisa Gefaell, de origen austríaco, casada con el poeta Luis Felipe Vivanco, gran conocedora de las leyendas europeas, publicó en 1953 un libro titulado Las hadas, donde nos presenta unas diminutas e idílicas hadas que bailan entre el romero y las amapolas, que brincan sobre los arroyos, alegrando el paisaje de Castilla. Ahonda en la imagen nórdica de las hadas y las hace ser una especie de musas (cualidad que dicen que tienen las sílfides) porque inspiran al hombre. En uno de sus cuentos, Las hadas del sol, narra cómo una de estas hadas, que está enamorada de un hombre mortal, recibe permiso para amarlo y lo describe de esta manera tan poética:

Pero como el Padre-Sol es muy bueno, permitió a la hadita que se quedara en casa de su amor. Y una mañana ella entró por la ventana, sin hacer ruido, y se posó en las manos del hombre, que pensaba. El hombre no se fijó en ella, pero sintió calor en las manos y, dejando de pensar, cogió la pluma y se puso a escribir palabras hermosas.

Esta imagen idealizada, tal vez, es la que más se ajusta a la verdadera naturaleza de las hadas: espirituales, etéreas, efímeras, bonachonas, inspiradoras, amorosas, ecológicas, dulces… pero son características que poco tienen que ver con toda la extensa familia de hadas que surgen en el folclore de Europa. Las que aparecen en nuestras leyendas presentan muchas veces manifestaciones más humanas que sobrehumanas (salvo por los poderes que ostentan), y algunas de ellas suelen exteriorizar sentimientos poco sublimes. A veces son muy ancianas, ambiciosas, egoístas, rencorosas, pasionales e incluso asesinas. Pero en la misma medida son generosas, hermosas, encantadoras, románticas… en definitiva, son hadas con una naturaleza tan contradictoria y versátil como la pueden tener los seres humanos, pero con una diferencia significativa: forman parte de nuestros sueños, de nuestra evolución y de nuestra naturaleza.


El inicio de la novela del escritor argentino Manuel Mújica Lainez, titulada El unicornio, cuya protagonista y narradora es el hada Melusina (de la que hablaremos extensamente más adelante), nos aclara un poco este maravilloso aspecto:

Es la historia de un hada, que quien no crea en las hadas cierre este libro y lo arroje a un canasto o lo reduzca al papel suntuoso de relleno de su biblioteca, lamentando el precio que habrá pagado por su gruesa estructura. Lo siento de antemano por él: hay distintos modos de andar por la Tierra: tildándola de insípida, aburriéndose, dejándose morir de monotonía y de tedio; y uno de ellos —tal vez el más tonto— consiste en negarse a probar la sal y la pimienta ocultas que la sazonan de magia.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Hadas

Es evidente, para qué nos vamos a engañar, que la mayoría de la gente adulta no cree en las hadas. Y cabe hacernos una pregunta aparentemente pueril: ¿por qué?

Muchos autores que han tocado este tema de las hadas y del resto de la Gente Menuda, tanto en
España como fuera de ella, han tergiversado un asunto que ya de por sí estaba bastante enmarañado.

Ciertos videntes, psíquicos, esotéricos, folcloristas e investigadores superficiales del fenómeno, han tenido la oportunidad de estudiar e incluso «ver» (con esa segunda visión de la que nos hablaba Robert Kirk) a estos «espíritus de la naturaleza», y los han descrito muy frecuentemente de una manera que nada tiene que ver con la más pura realidad. Es decir, han descrito a estos seres —muchas veces por ignorancia— como si fueran de este plano físico y tangible, intentando explicarlos y comentarlos desde un punto de vista estrictamente humano. Para ello han tenido que encuadrar forzosamente en tan sólo tres dimensiones a unos seres adimensionales, que viven y se desarrollan en un plano astral y etérico.

Por estas razones, y por otras meramente fantasiosas, el descrédito sobre estos seres ha ido en
constante aumento, pues las contradicciones e imprecisiones a la hora de analizarlos y describirlos eran tantas y tan evidentes que era muy lógico que se dibujara en nuestros labios una sonrisita de incredulidad.

Por otra parte, su presencia y contacto con los humanos ha ido disminuyendo de forma paulatina, con lo que sus idas y venidas, sus aventuras y desventuras de otros tiempos y los contactos esporádicos que mantuvieron con los humanos han ido entrando en el mundo borroso de los recuerdos, de los mitos y de las leyendas, dando todo esto como resultado algo previsible y que cabía esperar de antemano: se ha sembrado la duda sobre su existencia, tal vez fomentada por ellos mismos. Creer en estos seres es sinónimo de ingenuidad, en el mejor de los casos, o de infantilismo, en el peor. Nos hemos reído de todos aquellos que decían haber visto, sentido u oído a alguno de estos personajes y seres elementales de la naturaleza. Seres que hemos desterrado al mundo de la fantasía y del olvido, ignorando que también ellos forman parte de este mundo, de una evolución paralela a la nuestra. Ha habido momentos en que se ha llegado al peligroso punto de confundir todas las alusiones que sobre ellos existen, con tal mezcolanza de datos que daba igual hablar de una ninfa que de un gnomo, de una bruja que de un fantasma, de un hombre-lobo que de un alienígena. Todo era lo mismo y, además, lo que es infinitamente peor, no tenía ninguna importancia clarificarlo.

No obstante, debo reconocer que me he encontrado con un gran volumen de información sobre las hadas, incluidos sus distintos grupos y todos sus nombres, formas y variantes, ya que a la diversidad del material con que se contaba —sólo en España— se unía la imprecisión de sus datos y, en muchos de los casos, la confusión o falsedad de algunos de ellos.

Al final se pueden poner sobre el tapete una serie de conclusiones, que pretenden clarificar este intrincado mapa de casuística feérica.

Conclusiones sin las cuales difícilmente podríamos entender, en toda su compleja dimensión, muchas de las leyendas que se han transmitido de boca en boca o por escrito, alejándonos en lo posible de los tópicos y clichés.

lunes, 11 de abril de 2016

Leyenda de La aparición del hada de Champaquí

El halo de misterio que ha rodeado al pueblo comechingón y a todo su entorno geográfico llega hasta nuestros días. El Cerro Champaquí guarda también sus leyendas.

El Cerro Champaquí es el de mayor altura del Valle de Calamuchita y el sistema orográfico cordobés, con 2890 metros. Forma parte de la cadena montañosa conocida como Sierras de Comechingones, que actúa como divisoria del sistema hidrográfico de la región. Es el punto preferido por los montañistas de la provincia de Córdoba (Argentina), y a él se puede acceder desde el Valle de Calamuchita o desde Traslasierras.

Cuentan los que allí estuvieron que en el punto más alto del Champaquí, en una zona que ofrece una pequeña llanura, existe una hoya no muy grande pero lo suficientemente profunda como para que fuera adquiriendo con el tiempo forma de laguna. Todo esto se originó por el proceso natural de la corrosión a través de siglos ya que numerosos arroyos volcaron sus aguas contribuyendo a su transformación.
Allí mismo, en el punto mas alto del Valle de Calamuchita, en ese seductor espejo de agua que ofrece la laguna a quien quiera reflejarse en él, es donde se ha tejido la leyenda del hada del Champaquí.

Durante el atardecer, sucede lo que los lugareños consideran un genuino milagro: se levanta un sugestivo vapor de agua que llega a conformar algo parecido a una túnica sutil, de tonalidad blanquecina. Mientras esta aparición etérea se va desvaneciendo, al trepar hacia el cielo toma diversas formas, entre ellas, la más hermosa y sensual: la del hada de la laguna.

Los habitantes más antiguos del Valle de Calamuchita cuentan haberla visto muchas veces, triste y melancólica, peinando su maravillosa cabellera, que ellos suponen negra y brillante; aunque solo la perciben blanquecina como a todo su cuerpo cubierto por una tenue túnica también blanca. Esta fantástica aparición camina con paso suave sobre las aguas hasta llegar a la orilla y allí se sienta sobre un banco de piedras que, como aseguran los lugareños, una mano providencial ha colocado para su descanso.

Cuenta la leyenda que un gaucho viajero que por allí pasaba quedó extasiado al descubrir a la bella y tenue muchacha: creyó haber encontrado por fin el amor verdadero. Pero la mujer que brotaba de las aguas no parecía corresponderle porque cuando él quería confesarle su amor, desaparecía… y así fue como sin poder resistir aquel juego de apariencias quedó atrapado allí para siempre, en la alguna de la Novia o del hada del Champaquí.

Algunos viajeros han narrado que cuando el viento deja de soplar y los pájaros de gorgojear, resulta posible escuchar los susurros del gaucho enamorado en su intento inútil de conquistar el corazón de la dama del lago.