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jueves, 25 de enero de 2018

La Reencarnación según el Hinduismo o Brahmanismo

El hinduismo o brahmanismo es probablemente la más antigua religión de la que tenemos constancia. Las fechas de su aparición se remontan, como poco, a unos 10.000 años a.C.; sin embargo, a pesar de la distancia en el tiempo, los textos a través de los cuales se transmitía la doctrina se han conservado. De esta manera, no resulta especialmente porblemático el estudio de esta tradición.

El hinduismo no es, como se suele creer en Occidente, un puro espiritualismo sin más ley que la determinada por el Guru o Maestro. El pensamiento hinduista, como posteriormente sucedió en las otras grandes religiones, se divide fundamentalmente en doctrina esotérica y doctrina exotérica, abarcando la primera las enseñanzas propias del camino de la sabiduría o conocimiento, y la senguda, el culto y las relaciones sociales.

La sabiduría oculta se encuentra en los Vedas, libros que contienen a su vez los Upanishads. Se dice que Brahma está escondido en los Upanishads de la misma manera que los Upanishads están escondidos en los Vedas.


El concepto reencarnacionista se encuentra en el hinduismo como base de su doctrina. Es esta una religión evolucionista que se sustenta sobre la ley de causa y efecto: cada acción errónea cumplida por el hombre ha de ser reparada; deberá devolver al mundo material y rehacer el trabajo mal hecho; de esta manera, vida tras vida, se irá desarrollando hasta alcanzar la plenitud, que no es disolución, y el Yo del Universo y su propio Yo será uno. Pero las sucesivas encarnaciones no tienen solamente un signo negativo de pago de deuda. El hombre, que potencialmente tiene las capacidades de un dios, em esta rueda de la vida y de la muerte que el Brahmanismo llama Samsara, actualizará todas sus potencias, todas las cualidades y características esenciales que duermen en él como la simiente antes de germinar, se desarrollará y llegará a la meta.

Esta fuerza evolutiva que empuja a la humanidad desde la ignorancia al conocimiento, de la materia al espíritu, de la oscuridad a la iluminación, es un camino ineludible en el que está inmersa por determinación divina. Sin embargo, el hombre, cada hombre, tiene capacidad para agotar el Karma terrestre, salir del Samsara y seguir la evolución en otras esferas superiores, librándose así del sufrimiento, la miseria y la muerte de la materia. El principio de la inmortalidad, el paso a otros estados de conciencia superiores, comienza cuando el hombre abandona el deseo de existencia consciente.

Encontramos un sutra que dice: «Todo deseo produce dolor; cesa de desear y serás bendito». Este deseo que reconduce inevitablemente a la materia no puede ser combatido más que por la superación de los sentidos que, erróneamente, el ser humano identifica con el principio vital y son sólo limitación del principio vital.

La conciencia en estado de vigilia es Jagrat y actúa en el mundo de la materia, que es Bhurloka; el cuerpo astral corresponde a la actuación de la conciencia en estado Svapna; cuando el hombre termina una etapa de la vida y llega a la muerte, es Bhuvarloka. El tercer estado de conciencia es la Shushpti: actúa por medio del cuerpo mental. En el primer estado adquiere, en contacto con el mundo físico, un tipo de experiencia. En el segundo y tercero se agota esa experiencia terrestre para comenzar de nuevo el ciclo de la vida.

El hinduismo posee 6 grandes escuelas donde se facilitan a los hombres que adquieren seguir la vida del conocimiento todas las enseñanzas que les afectan. Estas escuelas son: la de Nagaya de Gotama, la escula de Vaisheshika de Kanada, la escuela de Shankuya de Kapila, la escuela de Yogui de Pantajali, la escuela Purva Mimansa y la Uhra Mimansa. Todas ellas están basadas en el yoga o Unión con el Yo, pero con diferentes modalides: Hatha Yoga, Raja Yoga y Jnana Yoga. La primera modalidad, el Hatha Yoga, es una enseñanza dirigida al dominio físico y a la destrucción de todo aquello que se opone a la unión del Yo humano con el Yo divino. El Raja Yoga supone el dominio de la mente y la unión del Yo del hombre con el Yo divino una vez superados los obstáculos. El Jnana Yoga, es el yoga del amor espiritual y de la conciencia espiritual.

jueves, 18 de enero de 2018

La Reencarnación en el Judaísmo y en el Cristianismo

Judaísmo y Cristianismo son dos ramas de una misma religión y por ello resultan inseparables de su base esotérica, en su tradición hermética.

Ambas poseen, como todas las grandes religiones un conjunto de textos esotéricos para el pueblo y los no iniciados, y una doctrina que se transmitía sólo oralemente con la explícita prohibición de difundirla fuera de las escuelas en que se impartía. En el caso de la reencarnación, tema que nos interesa, no es, de todos modos, necesaria una exhaustiva investigación para comprender que esta filosofía estaba incluida en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, y que de Moisés a Jesús existe un hilo conductor, unas veces más difuso y otras más perceptible, en donde se transparenta la doctrina secreta que adquirían los iniciados insertos en las sectas místicas de ambas ramas de esta religión.


Primeramente, vamos a ver qué datos podemos encontrar en el Antiguo Testamento, y qué pueden referirnos, al mismo tiempo, la historia paralela de otros pueblos como, por ejemplo, el egipcio, que tanta influencia tuvo en el pueblo de Israel.

Al salir Moisés de Egipto con las tribus que hasta entonces habían permanecido allí, al principio en convivencia pacífica y más tarde en esclavitud, en las tierras del imperio, llevaba consigo todo el bagaje que le había aportado su estancia en los grandes colegios sacerdotales, en donde se educaba a la nobleza del país; y aún lo más probable es que él mismo perteneciese a la casta sacerdotal y, al ver a Egipto diluido en la corrupción bajo el abuso religioso y político de sus dirigentes, decidiese sacar de allí a aquellas tribus bárbaras, pero de algún modo vinculadas al monoteísmo, para dar continuidad a la antigua tradición.

A este Moisés de precedencia egipcia, algunos historiadores, e incluso viejas leyendas judaícas, le atribuyen, además del rango sacerdotal, una brillante actividad militar, cosa que nos parece absolutamente injustificada, pues no hubiese sido en este caso necesaria la colaboración organizativa de Josué para la salida de Egipto.

Centremos nuestra atención en Moisés sacerdote. La legislación que, en nombre de Yahvéh Adonay, impone al pueblo, e incluso la normativa que añade, tienen casi más carácter social que religioso. Imaginemos a estas tribus en medio del desierto sin la sujeción del "no matarás", "no robarás", "no desearás la mujer del prójimo", etc... Es evidente que este Decálogo de negaciones, salvo en el cuarto mandamiento, está encaminado a mantener un orden vital para aquellas circunstancias. Sin embargo, encontramos enlazadas a estas tradiciones de carácter pragmático, aspectos incomprensibles si nos alejamos de su anterior historia egipcia; detalles como el de las artes adivinatorias, circunscrita esta práctica a los levitas, sacerdotes oficiales, por medio del Tummim y el Urim, también llamado EFOD. Servía este procedimiento mágico para obtener respuestas que consistían en un «sí» o un «no», a indicación de (parece ser) unas varillas que manejaba el encargado del ritual. Ahora bien, de todas estas prácticas no se especifica en el libro absolutamente nada; se da por hecho que había unos sacerdotes que las utilizaban en determinados casos, pero no se encuentran aclaraciones al respecto, contrariamente al espíritu mosaíco, que describe y normatiza minuciosamente todas y cada una de las actitudes, actos, ceremonias, comportamientos, higiene, etc... del pueblo judío con una capacidad paranoica difícilmente igualable.

Se puede entonces deducir, sin demasiados riesgos, que existía una enseñanza esotérica de la que no se hablaba fuera del ámbito iniciático, y de la que el pueblo conocía únicamente su manifestación exterior.

Quizás Freud acierte plenamente al adjudicarle a Moisés el título de Sacerdote de Aton, y probablemente tiene razón cuando afirma que Exodo comenzó a la muerte de Akh-en-Aton, con la destrucción de los templos, de las efigies y de las doctrinas del Faraón, que por primera vez en la historia de Occidente se proclama como Hombre de Maat, que es la Verdad, el Orden y la Justicia.

Siguiendo este hilo, significativo a nuestro modo de ver, verificamos también, a través del Antiguo Testamento, que, al igual que la religión instaurada por Akh-en-Aton (su himno data del año 1400 antes de Cristo), este naciente judaísmo, e incluso en época demasiado concreta ya muy avanzada, no sostiene ninguna noción sobre la vida ultraterrena, antes o después de la existencia, que de alguna forma pueda vincularse con un cielo o un infierno. Las almas preexistían y después de la muerte iban al Seol, o lo que es lo mismo, al seno de Abraham, sin pesadumbres especiales y sin gratificaciones. Hasta el cristianismo no se habla de resurrección. Con todo, encontramos textos del Antiguo Testamento que dejan entrever que, para ellos, la muerte no era para siempre, que el hombre volvía a la tierra, que Dios le sacaba del Seol y más aún, que el Señor amaba a unos antes de nacer y odiaba otros; cuando uno de los dogmas fundamentales en el judaísmo era y es el libre albedrío, y Dios no puede "amar" ni "odiar" sin motivos precisos, consecuentes al comportamiento del hombre.


Avanzando más en las Escrituras, por ejemplo, encontramos numerosos textos tratando sobre la identidad de Juan y Elías, alrededor de 6 o 7 entre los 4 Evangelios; pero la idea general de la reencarnación flota también sobre otros fragmentos, si no explícitamente, sí en forma de aceptación. Advertimos que, cada vez que alguien le pregunta a Jesús si es Elías, él simplemente lo niega, ni comenta ni condena el reencarnacionismo; nada dice sobre ello en teoría, no se extiende sobre el tema, como si diera por hecho que no es discutible. Parece, sin duda, que estaba en el ánimo de los judíos esta creencia, y así encontramos en Mateo, capítulo 14, versículo 1, a Herodes, preocupado por la vuelta del Bautista, a quien confunde con Jesús: «En aquel tiempo oyó el terarca Herodes la fama de Jesús, y dijo a sus cortesanos: "Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas"».

Por otra parte, el cristianismo no rompe con las antiguas tradiciones al exponer su doctrina en dos aspectos, uno esotérico (parábolas, etc.) y otro para los iniciados.

De la antigua Iglesia cristiana, de los primeros tiempos, cuando el centralismo romano no había aún derrumbado la tradición espiritualista, encontramos textos que nos informan sobre la primitiva creencia. Uno de ellos se encuentra en la epístola que San Jerónimo escribe a Avito: «Si examinamos el caso de Esaú, hallaremos que fue condenado a causa de sus antiguos pecados en un peor curso de vida».

Finalmente, hemos de añadir que el rechazo de la creencia reencarnacionista por la Iglesia católica no se promulga hasta el año 553, en el II Concilio de Constantinopla. Como anécdota diremos que, además de la ilegitimación de esta vieja tradición religiosa, el Espíritu Santo tuvo a bien sugerirles que añadieran, de paso, que la mujer, al igual que el varón, posía un alma.


lunes, 28 de agosto de 2017

Preparación para el largo "viaje"

LA MAGIA, ligada en íntima conexión con las observancias religiosas, es sólo uno de los muchos procedimientos por los que el hombre busca el camino y dominio de los poderes sobrenaturales. Otro, que está mucho más íntimamente vinculado a la religión, se encuentra en el ritual y el ceremonial, generalmente dirigidos a la súplica y apaciguamiento de los seres sobrenaturales.

Mientras la magia es utilizada como fuerza de ayuda sobrenatural de varias maneras, el rito o ritual y las ceremonias actúan bajo la suposición de que los seres divinos, al igual que los hombres, pueden ser movidos a la piedad, escuchar las llamadas de la justicia, ser complacidos con sacrificios y ofrendas, y si su disposición es malévola, propiciados e incluso, por qué no, sobornados mediante la satisfacción de sus deseos y apetitos.

Un ritual puede definir mejor, quizás, como medio prescrito de ejecutar actos religiosos; es decir, de orar, entonar cantos sagrados, danzar para los dioses, hacer sacrificios o preparar ofrendas. Una ceremonia, por el contrario, abarca cierto número de rituales trabados y relacionados entre sí, ejecutados en un tiempo dado.

Puede sin embargo trazarse una más clara distinción o utilidad respecto a las funciones de los ritos y ceremonias. En un extremo están aquellos que se centran en las crisis de la existencia del individuo, rituales y ceremonias que señalan ocasiones tales como el nacimiento, la imposición del nombre, la pubertad, el matrimonio, la enfermedad y la muerte. "Estos son vulgarmente conocidos como ritos de tránsito".

En el otro extremo están los llamados rios de intensificación, es decir, rituales y ceremonias que marcan sucesos o crisis en la vida de la comunidad en su conjunto, tales como la falta de lluvia, la defensa contra una epidemia o pestilencia, la preparación de la siembra, las cosechas, la iniciación de actividades comunales de caza o de pesca y el regreso victorioso de una partida de guerra. Algunos rituales y ceremonias pueden desempeñar ambas funciones; un ejemplo se halla en la ceremonia de los navajos llamada el "Canto de la noche", que se hace ostensiblemente para curar a un individuo de alguna enfermedad; pero que, en realidad, sirve también para acrecentar su bienestar particular, así como el de la propia comunidad entera.

Terminada esta breve introducción diferenciando el ritual de las ceremonias, podemos pasar directamente a los diferentes aspectos de ambos que a través de la historia antropológica del hombre se vienen dando en las diversas tribus, encaminados a afianzar las creencias en la supervivencia del alma después de la muerte, y concretamente, los destinados a la reencarnación. Tema que sin duda está ampliamente condicionado en todas las sociedades por primitivas que sean.

martes, 13 de junio de 2017

La iglesia católica

Al contrario de las antiguas religiones y tradiciones, el catolicismo se declaró, como ya hemos dicho, antireencarnacionista en el II Concilio de Constantinopla.

Entiende esta filosofía que el alma ha sido creada por Dios y que no posee cualidades divinas, al ser una sustancia aparte de su creador.

Es ésta una de las pocas doctrinas que es trinitaria con respecto a la divinidad y dual con respecto al hombre. Para el catolicismo, el ser humano está formado de cuerpo y alma; muy al contrario del primitivo cristianismo que afirmaba la Trinidad del hombre. Al menos así leemos en la epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 5º, versículo 23: «Que Él, el Dios de la paz os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida.»

Afirma esta religión que después de una sola y única existencia, el alma del hombre recibe según su pasado comportamiento, un premio (cielo) o un castigo (infierno), definitivos, para toda la eternidad. Sin embargo, en su propio catecismo se lee, por ejemplo, que después de la vida viene: «Muerte, Juicio, Infierno y Gloria». Extraña redacción (debiera ser: «Muerte, Juicio, Infierno o Gloria») que no puede ser aclarada desde el prisma oficial.

La interpretación católica del más allá es similar a la de los fariseos. La vida eterna se adquiere a través de un nuevo nacimiento después de concluida la existencia; entre la vida en el mundo y la vida ultraterrena no hay una continuidad. Sólo a través de este renacimiento se llega a la Divinidad. Pero no sólo eso: para lograr la trascendencia no son suficientes las acciones humanas en su avance hacia la perfección; el hombre necesita de la gracia de Dios. La salvación es un regalo de lo Alto porque el alma humana no es esencialmente inmortal.


viernes, 5 de mayo de 2017

Un niño de 5 años recuerda su vida anterior con datos comprobables

El pequeño Luke sostiene que se llamaba Pam en una vida anterior y vivía en Chicago, donde murió en un incendio en 1993. Los datos se han comprobado.


Luke Ruehlman, un niño de cinco años que residen en Cincinnati, Ohio, tiene muy claro que no es la primera vez que vive. El pequeño alega haber sido, en su vida anterior, una afroamericana llamada Pam Robinson que habría muerto en un incendio en el Hotel Paxton de Chicago, en 1993. El niño afirma que se ha reencarnado y que recuerda perfectamente cuando sus padres le pusieron de nombre «Luke».

Erika, la madre del niño, aegura que Luke solía decir: «Cuando era una mujer, tenía el pelo negro. Solía usar pendientes”, y tal afirmación la sostenía desde los dos años para pasmo de los sorprendidos padres.

Cuando le preguntó a Luke sobre Pam, la mujer aseguró que su hijo recordó un proceso de reencarnación. «Solía ser Pam, pero fallecí. Subí al cielo y vi a Dios. Él me regresó y desperté. Era un bebé y tú me llamaste «Luke».

La seguridad con la que el pequeño mantenía sus recuerdos de vidas pasadas obligó a la madre investigar sobre la supuesta «Pam Robinson». Para su sorpresa encontró una vieja noticia que mencionaba a Pamela Robinson, que murió en el incendio de Hotel Paxton en 1993, al saltar de una ventana del edificio. ¿Casualidad?

Erika ha explicado a «The Huffington Post» que es imposible el niño conociese la historia de Pam por sí solo y que le costó un par de días procesar todo. Le era imposible dormir ya que constantementepensaba sobre eso. Tan obsesionada estaba que investigó a fondo y consiguió contactar con los familiares de Pam,. Éstos le proporcionaron un dato: dijeron que la fallecida era muy fanática de Stevie Wonder, música que, ¿casualmente? le encantaba a Luke.

Pero de pronto los recuerdos se detuvieron. «Fue como si él la dejara salir. Terminó y ya no tenía nada más que decir de ella».

Erika y Luke aparecieron en un documental titulado «Ghost Inside My Child (Fantasmas dentro de mi hijo)», transmitido por Lifetime Movie Network lo que permitió poner a prueba los recuerdos del niño.

En el documental colocaron una foto de Pam en un pedazo de papel junto con otras fotos de afroamericanas y, sorprendentemente, escogió la imagen correcta.

Para millones de personas, la reencarnación es más que una creencia. Viene a ser una concepción que se presta a hechos objetivos y concretos. Y no son pocos los psicólogos y terapeutas que utilizan la regresión como medio para acceder a una fuente de información que revela cada vez más sorpresas. Su existencia fue objeto de debate en La Rosa de los Vientos por los especialistas Josep Guijarro y Juan Sánchez-Oro.

sábado, 15 de abril de 2017

El Budismo, el alma reencarna

Entroncado junto al jainismo y a la doctrina hinduista, el budismo ha sido y es quizá una de las religiones que más fieles ha tenido a lo largo de la historia.

Fundada hacia mediados del siglo V antes de Cristo, ha llegado hasta nuestro días. Su influencia ha resultado una renovación filosófica y psicológica para el maltratado y materializado mundo occidental.

El budismo, en contra del criterio de numerosos intelectuales y estudiosos, no es una religión sin Dios. Pero su verdad no consiste en especular sobre la dividad del Uno e Increado, sino en dar al hombre un camino de salvación.

Es el sufrimiento que puede afectarle lo que asusta y entristece a Siddharta Gautama, el príncipe, y es la misericordia por el sufrimiento de los hombres lo que hace que, una vez convertido en Buddha, Siddharta Gautama elabore un sistema de salida definitiva del dolor, de la enfermedad y de la muerte. Gautama se ocupa del ser humano, no de Dios.


El gran impulso, y la originalidad, de esta escuela religiosa fue la divulgación de lo que hasta entonces había permanecido en lo más recóndito de los santuarios, en el mayor secreto de los iniciados: la vida del hombre es plural; el hombre vuelve a la existencia; el alma reencarna, y en esta multiplicidad de vidas conseguirá una perfección que estará muy por encima de la ostenteada por los "devas" (dioses o ángeles).

La doctrina enseñada por Gautama Buddha está contenida en los "Pitakas" o cestos. Dividida en tres partes:
  • La primera parte es la "Vinaya", donde están las tres reglas de la orden monacal establecida por Gautama;
  • El segundo libro es los "Suhas"
  • y el tercero el "Abhiddamma".

viernes, 24 de marzo de 2017

Personas que se han reencarnado


El Jainismo, ubicación según la vida anterior

El jainismo, cuyo libro sagrado es el Siddharta, fue una forma de resurgimiento del hinduismo, como una renovación de la doctrina que degeneraba. A pesar de su antigüedad subsiste hoy en día en algunas religiones de la India.

Los jainos afirman que de Samsara, la rueda de la vida y la muerte, nacen al mundo seres, que se ubican en los lugares y castas que les corresponden, según haya sido su vida anterior. Con estas existencias, los hombres pueden llegar a la perfección y convertirse en «Devas». Para ello deben experimentar estos tres principios: «la verdadera ciencia», «la verdadera fe» y «la verdadera conducta».

El conocimiento es, con todo, baldío, si no va acompañado del amor al prójimo, a los animales y a la naturaleza en general. Estas virtudes tienen una gran fuerza en el comportamiento jaino. Una norma inalienable para ellos consiste en no maltratar; no cazan, no torturan, ni matan a ningún ser viviente. Otra norma del jainismo, para la cual posee una disciplina completa, es la autoconciencia y el autocontrol. El antiguo «conócete a ti mismo» es para esta religión una regla vital.

miércoles, 8 de febrero de 2017

El Mazdeísmo, Reencarnación para perfeccionarse

El mazdeísmo es una doctrina revelada, cuyo libro sagrado se titula Zend-Avesta. Este libro inspirado a Zarathustra por Ormuz o Ahura-Mazda, el espíritu del Bien, contiene toda una metafísica proveniente de Oriente, concretamente del brahamanismo o hinduismo; y constituye el hilo de unión que va desde la antigua doctrina hasta el judaísmo y el cristianismo, pues si bien la doctrina de Moisés provenía del mismo origen, con los cambios y circunstancias del pueblo judío, encontró en el mazdeísmo, de nuevo, las fuentes.

Esta religión dualista (el principio del Bien es Ormuz y el principio del Mal, Arimán) enseñaba el camino evolutivo de las almas y, aunque admitía un premio o un castigo según los errores o aciertos humanos, esta situación no se hacía definitiva después de la muerte. El hombre debía reencarnarse para seguir el camino de la perfección.

Aunque el mazdeísmo es una religión de fe y de oración, predica por encima de estas dos actividades espirituales, al igual que el cristianismo, la salvación por medio de los actos. El hombre debe ejercer la bondad cotidianamente en todas las manifestaciones de su vida; ése es el camino, no hay otro.

Esta doctrina, en su forma esotérica, fue asimilada por los caldeos y persas, y de esta última etapa pasó a los esenios. Los persas, sin embargo, convirtieron esta dualidad en trinidad: Zerbana era el Dios Uno del cual habían emanado los dos principios, el del Bien y el del Mal.

El mazdeísmo y sus diferentes ramas (la ya mencionada de los persas, la caldea, el mithraísmo y más tarde el maniqueísmo) fue una filosofía; al igual que las otras grandes religiones, comprendía una parte dedicada a una minoría selecta y otra parte popular. De todas maneras, da la impresión que tanto el mazdeísmo como las sectas que de él fluyeron tuvieron poca proyección en el campo sociológico, no como legislación o ciencia, sino como difusión de sus aspectos secretos. Eran doctrinas de iniciación y poco se conocía del fondo religioso fuera de las escuelas sacerdotales. Al pueblo le llegaba en algunos casos una normativa, y en otros apenas nada, como en el caso de los esenios que, pertenecientes al judaísmo, permanecieron siempre despegados de la política religiosa hebrea. Estos, bajo el influjo del zoroastrismo, como también de otras fuerzas religiosas paralelas, reconocían la filosofía reencarnacionista como una de las leyes de la naturaleza universal.

domingo, 18 de diciembre de 2016

La Reencarnación en la antigua Grecia

He aquí lo que la virgen Laquesis, hija de la Necesidad, decía, dirigiéndose a las almas en la antigua Grecia:
"Almas pasajeras, vais a comenzar una nueva carrera y a entrar en un cuerpo mortal. Un genio no os escogerá, sino que cada una de vosotras escogerá el suyo... La virtud no tiene dueño; se une a quien la honra y huye del que la desprecia. Cada cual es responsable de su elección, porque Dios es inocente".

Sin embargo, en Grecia, la creencia en la reencarnación no formaba parte de la religión popular. Contrariamente a los países orientales, en donde incluso esta filosofía degeneró en posiciones ridículas por su difusión, en la Grecia antigua o clásica se mantuvo dentro del ámbito de las iniciaciones esotéricas, y en el esoterismo se la reconocía únicamente a través de algunos mitos como, por ejemplo, el de Perséfona.

Perséfona fue cedida por Zeus a Plutón, dios del más allá, sin que Demeter (su madre) tuviera conocimiento de este acuerdo. Demeter, furiosa por la pérdida de su hija, juró que no volvería al Olimpo ni consentiría que las semillas volviesen a germinar sobre la tierra hasta que Perséfona no le fuese devuelta. Zeus, a través del mensajero Hermes, cerró un nuevo trato con Plutón: Perséfona pasaría en la tierra dos tercios del año; el resto debería permanecer con Plutón en los Infiernos.

Es evidente que Perséfona (el Cuerpo) hijo de Demeter (el Alma) en la concepción Helena, volvía periódicamente a la tierra, renacía en el mundo y tenía una continuidad vital.

La ciudad de Eleusis, situada en el Atica, entre el Pireo y Mejara, tuvo en la historia del Ocultismo, y por relación en las doctrinas reencarnacionistas, una gran influencia en el mundo occidental. Pericles hizo erigir en esta ciudad un templo en el que se tributaba culto a la diosa Demeter, y con el tiempo ese culto se extendió también a Perséfona y a Triptolemo. Allí se practicaban los estudios y ceremonios iniciáticas, que constaban de dos grados: en el primero, el aspirante se convertía en MYSTE (de ahí el nombre de misterio); en el segundo grado, el candidato ascendía a la categoría de EPOPTO.

En estos misterios eleusinos, la doctrina impartida durante el período iniciático abarcaba, sin imágenes míticas, los grandes principios de la sabiduría oculta de todos los tiempo, que consistía en: la unidad de Dios, la inmortalidad del Yo superior, la ley del Karma y la reencarnación como camino de perfección.

Si es posible considerar la leyenda como un relato del que se pueden exprimir datos auténticos, tendremos que remitirnos forzosamente, en cuanto al sistema metafísico de la antigua Grecia, a Orfeo.

Hacia el año 4.250, el Rey de Tracia, Eagro, tuvo de su mujer, Caliope, un hijo al que impuso el nombre de Orfeo. Creció éste educado por maestros militares y expertos jinetes, de los cuales aprendió las artes de la guerra. Pero su sentido de la armonía y de la belleza le empujaron hacia caminos de espiritualidad que ni siquera sus deberes filiales podían superar. La expresión de esta vocación se manisfestaba a través de la musicalidad de su lira, instrumento que llegó a manejar con tanta perfección que, cuentan las historias, hasta el bosque y sus habitantes permanecían en silencio cuando Orfeo tocaba.

En aquella época los ejes de la cultura, a la que aspiraban todas las noblezas, se hallaban situados en Egipto. Allí las escuelas sacerdotales mantenían la luz del Conocimiento para cuantos seres dispuestos por la voluntad se aceraban a su encuentro.

Orfeo partió hacia Egipto, en donde había de aprender lo que su pueblo, unificado posteriormente bajo su guía, heredaría.

A su vuelta, y después de largas peregrinaciones por toda la península, estableció en Delfos los más antiguos misterios griegos. Allí enseñó a los hombres de su tiempo no sólo los principios fundamentales de la Ética, de la Estética, de la Ciencia y de la Filosofía, sino que también se ocupó de hacer comprender a toda la fraternidad órfica la relación entre las Estaciones, sus reglas de vida y muerte sobre la tierra, y su similitud con los ciclos de Vida y Muerte del ser humano.

El hombre vuelve, como la Primavera, y debe dar en cada período de encarnación un fruto más perfecto, debe adquirir una experiencia unificadora del cuerpo, la mente y el espíritu.