lunes, 31 de julio de 2017

El exorcista


Esta popular película se estrenó en el año 1973, fue famosa por su contenido y también porque tuvo diferentes hechos paranormales en el set, se incendiaron los decorados, aseguran que Linda Blair pronosticó la muerte de un técnico de la película y hubo una cadena de muertes, entre ellos los actores Jack MacGowran y Vasiliki Maliaros, la vida de los actores de "El Exorcista" no volvió a ser la misma.


Cada día de trabajo en la filmación, muchos de los actores acudían a la Iglesia para buscar ayuda espiritual, asustados por los fenómenos que sucedieron y no lograban entender. Se dio a conocer que la película se inspiró en un hecho de la vida real y que la misma casa donde se realizó la filmación, habría sido el escenario donde vivió un joven que fue poseído y cuya historia sirvió como fuente de inspiración para la película.


Los problemas empezaron al poco tiempo de empezar el rodaje, con un encadenamiento insólito de sucesos inexplicables en torno a la producción de la película. Cintas que se borraban solas, caída de focos, ruidos y voces estremecedoras que se filtraban por los micrófonos, teléfonos que se levantaban solos, desaparición de objetos o un incendio iniciado en los estudios Warner y que destruyó gran parte de los decorados de la película (excepto la habitación del personaje de Regan Mac Neil, la niña poseída), retrasando las filmaciones durante seis semanas.

Para empeorar las cosas, el arnés empleado para elevar a la joven actriz Linda Blair –que interpretaba a Regan- sobre su cama (y aparentar su levitación) se rompió, por lo que la muchacha sufrió lesiones en su columna vertebral cuyas secuelas perduran hasta hoy. La histeria y el miedo pronto se extendieron entre los miembros del equipo, lo que obligó a la producción a requerir los servicios de un sacerdote para que bendijera el set de rodaje.

Se cuenta que la prestigiosa actriz Ellen Burstyn, quien interpretaba a la madre de Regan (y que protagonizó otras cintas notables como “Alicia ya no vive aquí”, de Martin Scorsese, y “Réquiem por un sueño”, de Darren Aronofsky), en una parte del filme debía pronunciar la frase “¡Creo en el diablo!”. Pero la actriz se negó terminantemente, aduciendo que aunque fuera una línea ficticia escrita en un guión cinematográfico, jamás se debía usar ese ominoso nombre sin esperar sufrir alguna consecuencia.

Extrañas muertes


Lo más impresionante de la supuesta maldición de “El exorcista” tuvo que ver con las extrañas muertes que se produjeron. Se estima que entre cuatro y nueve personas fallecieron durante el rodaje, entre ellos el actor Jack MacGowran, la actriz Vasiliki Maliaros, un experto en efectos especiales y un cuidador nocturno de los estudios Warner. Además, el abuelo de Linda Blair y el hermano del actor Max Von Sydow (que interpretaba al padre Merrin) fallecieron el mismo día en el que se iniciaron las grabaciones. Posteriormente y para rematar la terrible ola de fallecimientos, el hijo de la actriz Mercedes McCambridge, quien hacía la voz del demonio en el filme, se suicidó después de asesinar a toda su familia en 1987.

Pero ¿la fatalidad terminó aquí? 


Al parecer no, pues la mala suerte también acompañó a la adaptación teatral de la historia. En 1975 se estrenó en el Teatro de la Comedia de Londres la obra “El exorcista”, con la actriz Mary Ure personificando a la joven Reagan (a pesar de tener 42 años, la veterana actriz encarnó magistralmente el papel que lanzó a la fama a Linda Blair). Sin embargo, al día siguiente del estreno, el director de la obra encontró a Ure muerta, rodeada de sus propios vómitos. Además estaba tendida con los brazos en cruz, y con cortes y rasguños por todo su cuerpo. El informe policial dictaminó posteriormente que se había tratado de un suicidio provocado por sobredosis de barbitúricos. Pero, para muchos, ella era sólo una víctima más de la terrible maldición que ha perseguido a esta película.

Y 43 años después del estreno de la película... la maldición continúa


En septiembre de este año se estrenó en el cable la serie de televisión “El Exorcista”, basada en la célebre película de terror de 1973 del mismo nombre, dirigida por el director William Friedkin, que a su vez se basó en la novela homónima del escritor William Peter Blatty. Protagonizada por los actores Alfonso Herrera y Ben Daniels, quienes personifican a los padres Tomás Ortega y Marcus Keane, respectivamente, la serie ha sido descrita como “un propulsivo thriller psicológico serializado que sigue a dos hombres muy diferentes que abordan horribles casos de posesión demoníaca de una sola familia, y hacen frente a la cara del verdadero mal”.


La revista “Entertainment Weekly”, en un reciente artículo sobre esta serie de 13 episodios, sorprendió a sus lectores al informar de la ocurrencia de presuntos sucesos paranormales que se han registrado durante su rodaje. Además de reportar algunos problemas técnicos inexplicables en el plató –como lámparas y luces que se apagan solas-, informó que también han sucedido cosas extrañas que han afectado a parte del elenco.

La actriz Hannah Kasulka, que personifica en la serie a Casey Rance, una joven poseída, relató que “cuando estábamos rodando el piloto, de vez en cuando estábamos en el ascensor y éste nos llevaba al piso 13 sin haber pulsado antes el botón”. Su compañera de reparto Brianne Howey corroboró lo anterior, atestiguando que “ninguna de nosotros apretó el botón de ese piso. El ascensor simplemente se detenía por sí solo ahí”.


La actriz Geena Davis, que en la serie encarna a una adulta Regan Mac Neil (el mismo personaje que en la película de 1973 era la niña de 12 años poseída por el diablo), confidenció que los productores, tras enterarse de estos extraños acontecimientos, no se quedaron de brazos cruzados: “Me enteré después que habían traído a un sacerdote para que bendijera el set, cosa que también se debió hacer durante el rodaje de la película de William Friedkin en 1973, porque también allí comenzaron a suceder cosas extrañas en el plató”.

domingo, 30 de julio de 2017

El más allá de los chinos

Para el pueblo chino, desmarcado del resto del mundo conocido durante milenios, los fantasmas no sólo son cercanos, sino inevitables representantes del más allá en nuestra propia Tierra.

Cada chino muerto da origen a un fantasma, pero no todos los fantasmas son de la misma categoría. En China hay fantasmas legendarios y divinos, de la misma manera que hay fantasmas hogareños y cotidianos. Desde el malvado Rey Mono, que luchó contra los hombres para adueñarse del reino material de la Tierra, hasta la Dama de la Campana o el fantasma de la casa que se habita, el universo chino está lleno de espíritus que conviven con los hombres a cada momento.

Entre el Cielo y la Tierra de los chinos hay muchos caminos y puentes que permiten a los espíritus descender y ascender constantemente. Los mandarines y los emperadores, los caciques y las princesas, los monjes y los sirvientes, y hasta los limosneros y las prostitutas, son fantasmas en potencia que deberán su presencia fantasmal en el futuro al interés que despierte entre la gente su particular historia.

Por supuesto, no hay fantasma sin leyenda, no hay espíritu sin historia, ni hay alma sin cuento. Cada fantasma debe tener su propio relato, porque este relato es su razón de ser y de permanecer entre los vivos.

Cada emperador y cada doncella eran fantasmas legendarios en potencia. El emperador, como ser divino que era, tenía garantizada en cierta forma su futura leyenda, mientras que la doncella necesitaría, para acceder al mundo legendario, de una historia dramática e interesante.

En el mundo fantasmal chino siempre hay héroes y doncellas, guerreros y concubinas, madres doloridas e hijos triunfantes, emperadores crueles y súbditos sufridos, porque toda la vida fantasmagórica del pueblo chino se basa en su propio y milenario drama vital, y porque, como en el resto de las culturas, los fantasmas representan la extensión de la vida en el más allá.


En tiempos lejanos, un poderoso Emperador que vivía en la Ciudad Prohibida, encontró una gran roca de bronce que había caído del Cielo. La roca de bronce, por haber venido del Cielo, debía tener propiedades divinas que servirían para agrandar su persona en la Tierra, y el Emperador, que quería gozar de esa fuerza divina, llamó a los mejores herreros de China para que fraguaran con la roca celestial una campana que cantara su realeza a los cuatro vientos.

Pero los mejores herreros del Imperio no pudieron fundir la roca de bronce, y cada uno de ellos fueron siendo decapitados por orden del Emperador.

Una vez que palacio se quedó sin herreros, el Emperador mandó a sus generales a buscar por todo el mundo a un herrero que fuera capaz de fundir la roca celestial y fraguar la campana deseada. Así que se hicieron los pregones y se ofrecieron las recompensas por todo el Imperio y otras partes del mundo.

Hasta palacio llegaron herreros y magos de todo el mundo, con ingenios modernos y crisoles mágicos, pero ninguno de ellos lograba fundir la roca de bronce, y uno tras otro terminaban poniendo su cuello a disposición del verdugo.

Un humilde hojalatero no se pudo negar y no tuvo más remedio que enfrentarse a la tarea imposible de fundir la roca del Cielo, llevando como únicas ayudas a su humilde un viejo crisol, un fuelle que apenas si había usado, y a su propia hija como asistente.

El hojalatero no había tenido hijos varones, y miles de veces se había quejado de esta suerte, ya que las manos de su delicada hija no estaban hechas para el duro oficio de hojalatero, pero tenía que conformarse, porque su hija era el único apoyo que le había enviado el Cielo.

El Emperador llamó al hojalatero a su presencia y le dijo que tenía tres días para fundir la roca de bronce. Si lo lograba, sería nombrado herrero del único ser divino que vivía en la Tierra (el propio Emperador), a la vez que recibiría todo tipo de riquezas y de reconocimientos. Si no lo lograba, también podría alegrarse, porque el verdugo le quitaría de sufrir para siempre de su miserable vida.

El humilde hojalatero, a pesar de haber sufrido mucho en la vida, no tenía la más mínima intención de morir, y se puso manos a la obra ayudado por su débil hija. La enorme roca fue puesta en el viejo crisol y el fuelle sopló en las brazas con fuerza durante dos días, pero la roca celestial como en todas las ocasiones anteriores, ni siquiera se calentó.

Las lágrimas del hojalatero se iban haciendo más abundantes a cada momento, y el pobre, en su desesperación, iba maldiciendo su mala suerte al tiempo que insultaba a su débil e inútil hija, cuyos brazos apenas si podían sostener el fuelle.

Los consejeros del Emperador sonreían compungidos al ver los torpes esfuerzos del hojalatero. Sentían lástima por él, pero no podían dejar de reconocer que era el menos calificado de todos los herreros que habían pasado por ahí.

La hija del hojalatero, al ver el sufrimiento de su padre y las burlas de los consejeros, decidió, ya que no podía calentar el crisol con la fuerza de sus brazos al presionar el fuelle, calentar con su propio cuerpo el fondo del mismo y fundir la roca.

En la madrugada del tercer día, cuando todo se preparaba para decapitar al hojalatero, la débil doncella se lanzó dentro del crisol hirviente gritando de dolor. Su padre, al oír los sonoros y terribles gritos, corrió hacia el crisol, estiró la mano con valor, pero lo único que pudo rescatar de su hija fue una zapatilla raída de raso rojo. El cuerpo de la doncella, ante los ojos sorprendidos del hojalatero, empezó a fundirse junto con la roca celestial, y entre lágrimas y sollozos pudo por fin fraguar la campana que el Emperador deseaba.

La campana fue colocada en la torre de la ciudad prohibida, el hojalatero se convirtió en el más triste herrero real, y el fantasma de la doncella sacrificada, cada vez que sonaba la campana, salía de su encierro a buscar su zapatilla ante el espanto de los habitantes de palacio. Y el mismo tañido de la Campana Celestial es tan amedrentador y poderoso, porque en su potente sonido se encuentran los terribles gritos de la doncella sacrificada.


Leyendas como ésta viven en la conciencia colectiva de los chinos, quienes, a pesar del budismo y del comunismo, siguen conviviendo con el mundo fantasmal de sus más antiguas tradiciones. El pueblo llano de China, como los pueblos llanos del resto del mundo, se han desmarcado siempre de las imposiciones religiosas y políticas, y han mantenido sus creencias populares. Y esto no podría ser de otra manera si tomamos en cuenta que en China pervive un animismo que otorga personalidad (y con la personalidad el fantasma subsecuente) al hielo, las nieves, el frío, el calor, la muerte, los animales, los pantanos, el viento, las artes, la tierra, el árbol, la luz, la oscuridad, etc.

sábado, 29 de julio de 2017

Osiris, el defensor del orden

En un pendiente de oro (h. 850 a.c.) se representa a Osiris momificado, flanqueado por Isis y su hijo Horus. Tras su muerte, Osiris reinó en los infiernos (Duat). Considerado en época primitiva rey temible de un mundo de demonios, pasó a ser el juez justo que recibía a los difuntos virtuosos en el paraíso.

Osiris fue el primer rey y su hermana Isis su consorte. Se le rendía culto como dios de la agricultura y enseñó a la humanidad los secretos del cultivo y la civilización. Su gobierno estaba amenazado por las fuerzas del caos, en las que militaba su hermano Set. Según uno de los mitos, en la creación surgieron las disensiones cuando Set salió bruscamente del vientre materno.

La muerte del buen dios Osiris constituye uno de los acontecimientos más importantes de la mitología egipcia, pero su historia raras veces se recogió en detalle. Se mencionan dos etapas en este episodio: su asesinato y su desmembramiento. Los primeros relatos se limitan a decir que Set arrojó a Osiris al río en Nedyet, lugar mítico que en algunos casos se identifica con una parte de Abidos, el recinto sagrado en el que se celebraban los misterios de Osiris.

Según versiones posteriores, Osiris se ahogó en el Nilo y se considera su asesino a Set, que adoptó la forma de cocodrilo o hipopótamo para atacar a su hermano inocente, si bien según cierta versión se transformó en toro y pisoteó a Osiris hasta que el dios murió. Más adelante, el dios Horus le cortó la pata con la que lo había pisoteado y la arrojó hacia el cielo, donde pasó a formar parte de la constelación de la Osa Mayor. Según otra tradición, Set se convirtió en un pequeño insecto, quizá un mosquito, y picó a Osiris mortalmente en un pie.

Isis inició la búsqueda de su marido y evitó que se degradase su cadáver valiéndose de sus poderes mágicos. Llamó al dios chacal Anubis, que embalsamó y vendó el cuerpo del dios, la primera momia. Según versiones posteriores del mito, Set encontró el divino cuerpo de Osiris, lo hizo pedazos y los enterró en diversos lugares de Egipto: la cabeza en Abidos, el corazón en Atribis, una pierna en la isla de Biga, y así sucesivamente. El desmembramiento de Osiris se comparaba con la siega y la trilla anuales del trigo y la cebada. Se creía que el dios renacía cuando crecían las nuevas simientes.

viernes, 28 de julio de 2017

The Limehouse Golem


Situado en las implacables y miserables calles de la Londres victoriana en 1880, The Limehouse Golem comienza en la barroca sala de música donde sube al escenario el intérprete más famoso de la capital, Dan Leno (Douglas Booth).

En su monólogo cuenta el horrible destino de una joven que actuaba en ese escenario, su querida amiga Elizabeth Cree (Olivia Cooke), quien se enfrenta a ser ejecutada en la horca acusada de asesinar a su esposo, John Cree (Sam Reid). La muerte de Lizzie parece inevitable, hasta que el inspector John Kildare (Bill Nighy) se hace cargo del caso de The Limehouse Golem, un asesino en serie nefasto y calculador, que mata inocentes sin ninguna conexión, dejando tras de sí cadáveres apenas identificables y una marca: "M". Nada es lo que parece, todo el mundo es sospechoso y tiene un secreto.

Fecha de Estreno: Viernes, 08 de Septiembre de 2017 


martes, 25 de julio de 2017

Gente que penetra en el pasado - El restaurante "Las Perdices"

«Trabajé una noche hasta muy tarde -relató una persona en una reunión-, y conducía mi coche por la ruta acostumbrada, cuando de repente dejé de reconocer todo lo que me rodeaba.

¡Diantre! dije para mis adentros. ¿Me habré equivocado de camino?

Pero llevaba varios años viviendo en aquel distrito por lo que lo conocía bien. Además, no había doblado ninguna curva, ni me había internado por ninguna callejuela lateral.

Todo, en torno mío, estaba callado. Bien, puse en marcha la radio y sólo oí ruidos estáticos. Sólo había otro coche a la vista, bastante viejo, aparcado delante de un restaurante llamado "Las Perdices".

Cuando llegué al cruce tuve la sensación de estar pasando por en medio de agua helada. A partir de aquel lugar volví a reconocer cuanto me rodeaba. Supe dónde estaba de manera perfecta.

Lo más gracioso es que he recorrido la misma ruta millares de veces y jamás he visto un restaurante llamado "Las Perdices". He preguntado donde trabajo pero nadie ha oído ese nombre, ni cree nadie que exista en toda la población.

Y ahora pregunto: ¿conduje aquella noche dentro de otra dimensión o lo hice por la misma calle que llevo recorriendo todos esos años? Y lo cierto es que rotundamente no estaba bebido.»


De cuando en cuando, por algún medio todavía desconocido, algunos individuos se hallan de repente en lugares o escenas del pasado. Pero esto obliga a formular muy variadas preguntas. Por ejemplo: si vuelve el pasado ¿a dónde va el presente?

Si la persona cuyo relato he transcrito condujo por una calle que había existido varios años antes ¿por dónde y a dónde desapareció la calle actual? ¿O es posible que una dimensión de tiempo actúe simultáneamente, paralela o interiormente, con otra?

Otra cuestión planteada innumerables veces en las obras de ciencia ficción: ¿puede alguien de otra dimensión, suponiendo que existan, interrelacionarse con otra de una diferente dimensión temporal? ¿Qué hubiese sucedido si la persona del anterior relato hubiese sufrido un choque, por ejemplo, y hubiera atropellado a un individuo de un período anterior en el tiempo al de aquel que iba conduciendo?

En casi todos los viajes al pasado, los habitantes del período anterior no parecen darse cuenta en absoluto de los que pertenecen al presente, quienes pueden, por ejemplo, presenciar una batalla histórica o una feria popular. Es como si el observador no penetrara en el pasado sino que, de manera inexplicable, al menos por ahora, una escena del pasado fuese evocada con detalles fotográficos, como si se tratase de una película etérea, activada y proyectada en una pantalla irreal.

Si la energía, como la materia, es indestructrible, las vibraciones de cada palabra, de cada acto psíquico realizado, pueden resonar como un eco infinito en el éter. Del mismo modo que las emociones de algunas personas a veces puede parecer que permean una habitación o una casa, produciendo un «fantasma» visto solamente por aquellos que poseen afinidad telepática, ciertas escenas del pasado, con carga emocional, pueden quedar impresas en el éter psíquico, y ser evocadas fotográficamente por aquellos individuos que poseen la debida sintonización. Casi todo el mundo ha observado que algunos locales poseen una «atmósfera» propia, creada a través de los años, y esas auras podrían provocar sensaciones bien definidas de inquietud, felicidad, temor o relajación.

Pero si tales viajes al tiempo pasado no son más que una especie de fantasmagoría cinematográfica, resultan por otra parte tremendamente sólidos, y no son solamente las irrealidades tenues y evanescentes de las visiones fantasmales comunes hasta cierto punto. Hay testimonios de personas que han penetrado en oficinas de otra era, que han ido por caminos inexistentes y que han presenciado batallas y peleas ocurridas hace cientos de años.

lunes, 24 de julio de 2017

Centuria I - I


De noche, sentado y en secreto estudio.
Tranquilo y solo, en la silla de bronce:
Exigua llama saliendo de la soledad,
hace prosperar lo que no debe creerse en vano.


sábado, 22 de julio de 2017

Yo soy la única Reina de tu vida

Acércate a mi, atrévete a conquistarme...
Pero sólo si voy a ser la única en tu vida, si por la calle vas a querer llevarme de la mano sin esconderme, si tus estados van a ser dedicados para mi, si en tus fotos a partir de ahora vas a aparecer conmigo...
Atrévete a conquistarme si te atreves.
Pero sólo con esas condiciones, porque yo no voy a ser parte de ningún harén...
Si me quieres conquistar, olvídate de otras, olvídate de harenes... yo soy la única Reina de tu vida.

Abrahel

viernes, 21 de julio de 2017

A 47 metros

Otra buena opción para pasar una buena sesión de cine de terror hoy, es ir a ver el estreno de "A 47 metros", sobre todo si te gustan las películas de tiburones...


Kate y Lisa son dos hermanas veinteañeras amantes de la diversión que viajan a México para disfrutar de las mejores vacaciones de sus vidas. Cuando surge la oportunidad de sumergirse en una jaula para ver tiburones blancos, la aventurera Kate se apunta al instante para desesperación de Lisa. Finalmente, ambas se sumergen a dos horas de la costa de Huatulco para encontrarse cara a cara con el depredador más feroz de la naturaleza. Pero lo que debería haber sido la experiencia definitiva se acaba convirtiendo en una pesadilla cuando la jaula se suelta del barco y quedan atrapadas en el fondo del océano. Con menos de una hora de oxígeno en sus tanques, deben encontrar la manera de regresar a la embarcación a través de 47 metros infestados de tiburones.

Fecha de Estreno: Viernes, 21 de Julio de 2017 


miércoles, 19 de julio de 2017

Siete deseos

Llega el fin de semana y una buena opción para este viernes es ir a ver este estreno al cine... 😉


Clare Shannon (Joey King), de 17 años, sobrevive como puede al infierno que es el instituto, junto a sus amigas Meredith (Sydney Park) y June (Shannon Purser). Cuando su padre (Ryan Phillippe) le regala una vieja caja de música con una inscripción que promete conceder los deseos de su dueño, ella piensa que no tiene nada que perder. Clare pide su primer deseo y, por sorpresa, se hace realidad.

En poco tiempo lo tiene todo: dinero, popularidad y el chico de sus sueños. Todo parece perfecto hasta que las personas más cercanas a ella empiezan a morir de manera espantosa y retorcida. Ahora, con sangre en sus manos, Clare se tiene que deshacer de la caja, antes de que le cueste su vida y la de sus seres más queridos.

Fecha de Estreno: Viernes, 21 de Julio de 2017 

miércoles, 12 de julio de 2017

Cuento original y sin censura de La bella durmiente del bosque

En otros tiempos había un rey y una reina, cuya tristeza porque no tenían hijos era tan grande que no puede ponderarse. Fueron a beber todas las aguas del mundo, hicieron votos, emprendieron peregrinaciones, pero no lograron ver sus deseos realizados, hasta que, por último, quedó encinta la reina y dio a luz una hija. La explendidez del bateo no hay medio de describirla, y fueron madrinas de la princesita todas las hadas que pudieron hallar en el país, y siete fueron, con el propósito de que cada una de ellas le concediera un don, como era costumbre entre las hadas en aquel entonces; y por este medio tuvo la princesa todas las perfecciones imaginables.

Después de la ceremonia del bautismo, todos fueron a palacio, en donde se había dispuesto un gran festín para las hadas. Delante de cada una se puso un magnífico cubierto con un estuche de oro macizo, en el que había una cuchara, un tenedor y un cuchillo de oro fino, guarnecido de diamantes y rubíes.

En el momento de sentarse a la mesa, vieron entrar una vieja hada que no había sido invitada, debido a que durante más de cincuenta años no había salido de una torre y se la creía muerta o encantada.

Mandó el rey que le pusieran cubierto, pero no hubo medio de darle un estuche de oro macizo como a las otras, porque sólo se había ordenado construir siete para las siete hadas. Creyó la vieja que se la despreciaba y gruñó entre dientes algunas amenazas. Una de las hadas jóvenes que estaba a su lado, oyola, y temiendo que concediese algún don dañino a la princesita, en cuanto se levantaron de la mesa fue a esconderse detrás de un tapiz para hablar la última y poder reparar hasta donde le fuera posible el daño que hiciera la vieja.

Comenzaron las hadas a conceder sus dones a la recién nacida. La más joven dijo que sería la mujer más hermosa del mundo; la que la siguió añadió que sería buena como un ángel; gracias al don de la tercera, la princesita debía mostrar admirable gracia en cuanto hiciere; bailar bien, según el don de la cuarta; cantar como un ruiseñor, según el de la quinta, y tocar con extrema perfección todos los instrumentos, según el de la sexta. Llegole la vez a la vieja hada, la que dijo, temblándole la cabeza más a impulsos del despecho que de la vejez, que la princesita se heriría la mano con un huso y moriría de la herida.

Este terrible don a todos estremeció y no hubo quien no llorase. Entonces fue cuando salió de detrás del tapiz la joven hada y pronunció en voz alta estas palabras:

-Tranquilizaros rey y reina; vuestra hija no morirá de la herida. Verdad es que no tengo bastante poder para deshacer del todo lo que ha hecho mi compañera. La princesa se herirá la mano con un huso, pero, en vez de morir, sólo caerá en un tan profundo sueño que durará cien años, al cabo de los cuales vendrá a despertarla el hijo de un rey.

Deseoso el monarca de evitar la desgracia anunciada por la vieja, mandó publicar acto continuo un edicto prohibiendo hilar con huso, así como guardarlos en las casas, bajo pena de la vida.

Transcurrieron quince o dieciseis años, y cierto día el rey y la reina fueron a una de sus posesiones de recreo; y sucedió que corriendo por el castillo la joven princesa, subió de cuarto en cuarto hasta lo alto de una torre y se encontró en un pequeño desván en donde había una vieja que estaba ocupada en hilar su rueca, pues no había oído hablar de la prohibición del rey de hilar con huso.

-¿Qué hacéis, buena mujer?, le preguntó la princesa.

-Estoy hilando, hermosa niña, le contestó la vieja, quien no conocía a la que la interrogaba.

-¡Qué curioso es lo que estáis haciendo!, exclamó la princesa. ¿Cómo manejáis esto? Dádmelo, que quiero ver si sé hacer lo que vos.

Como era muy vivaracha, algo aturdida y, además, el decreto de las hadas así lo ordenaba, en cuanto hubo cogido el huso se hirió con él la mano y cayó sin sentido.

Muy espantada la vieja comenzó a dar voces pidiendo socorro. De todas partes acudieron, rociaron con agua la cara de la princesa, le desabrocharon el vestido, le dieron golpes en las manos, le frotaron las sienes con agua de la reina de Hungría, pero nada era bastante a hacerla volver en sí.
Entonces el rey, que al ruido había subido al desván recordó la predicción de las hadas, y reflexionando que lo sucedido era inevitable, puesto que aquellas lo habían dicho, dispuso que la princesa fuera llevada a un hermoso cuarto del palacio y puesta en una cama con adornos de oro y plata. Tan hermosa estaba que cualquiera al verla hubiera creído estar viendo un ángel, pues su desmayo no la había hecho perder el vivo color de su tez. Sonrosadas tenía las mejillas y sus labios asemejaban coral. Sólo tenía los ojos cerrados, pero se la oía respirar dulcemente, lo que demostraba que no estaba muerta.

Mandó el rey que la dejaran dormir tranquila hasta que sonara la hora de su despertar. La buena Hada que le había salvado la vida condenándola a dormir cien años, estaba en el reino de Pamplinga, que distaba de allí doce mil leguas, cuando le ocurrió el accidente a la princesa; pero bastó un momento para que de él tuviese aviso por un diminuto enano que calzaba botas, con las cuales a cada paso recorría siete leguas. Púsose inmediatamente en marcha la hada y al cabo de una hora viéronla llegar en un carro de fuego tirado por dragones. Fue el rey a ofrecerle la mano para que bajara del carro y la Hada aprobó cuanto se había hecho; y como era en extremo previsora, le dijo que cuando la princesa despertara se encontraría muy apurada si se hallaba sola en el viejo castillo. He aquí lo que hizo.

Excepción hecha del rey y la reina, tocó con su varilla a todos los que se encontraban en el castillo, ayas, damas de honor, camareras, gentiles-hombres, oficiales, mayordomos, cocineros, marmitones, recaderos, guardias, suizos, pajes y lacayos; también tocó los caballos que había en las cuadras y a los palafraneros, a los enormes mastines del corral y a la diminuta Tití, perrita de la princesa que estaba cerca de ella encima de la cama. Cuando a todos hubo tocado, todos se durmieron para no despertar hasta que despertara su dueña, con lo cual estarían dispuestos a servirla cuando de sus servicios necesitara. También se durmieron los asadores que estaban en la lumbre llenos de perdices y de faisanes, e igualmente quedó dormido el fuego. Todo esto se hizo en un momento, pues las hadas necesitan poco tiempo para hacer las cosas.

Entonces el rey y la reina, después de haber besado a su hija sin que despertara, salieron del castillo y mandaron publicar un edicto prohibiendo que persona alguna, fuese cual fuere su condición, se acercara al edificio. No era necesaria la prohibición, pues en quince minutos brotaron y crecieron en número extraordinario árboles grandes, pequeños rosales silvestres y espinosos, de tal manera entrelazados que ningún hombre ni animal hubiera podido pasar; de manera que sólo se veía lo alto de las torres del castillo, y aun era necesario mirarle de muy lejos. Nadie dudó de que la Hada había echado mano de todo su poder para que la princesa, mientras durmiera, nada tuviese que temer de los curiosos.

Pasadas los cien años, el hijo del monarca que reinaba entonces, debiendo añadir que la dinastía no era la de la princesa dormida, fue a cazar a aquel lado del bosque y preguntó que eran las torres que veía en medio del espeso ramaje. Contestole cada cual según lo que había oído; unos le dijeron que aquello era un viejo castillo poblado de almas en pena y otros que todas las brujas de la comarca se reunían en él los sábados. Según la opinión más generalizada, moraba en él un ogro que se llevaba al castillo todos los niños de que podía apoderarse para comerlos a su sabor y sin que fuera posible seguirle, abrirse puesto que sólo a él estaba reservado el privilegio de paso por entre la maleza.

No sabía a quien dar crédito el príncipe, cuando un viejo campesino habló y le dijo:

-Príncipe mío: hace más de cincuenta años oí contar a mi padre que en aquel castillo había la más bella princesa del mundo, que debía dormir cien años, estando reservado el despertarla al hijo de un rey, de quien debe ser esposa.

A estas palabras sintió el joven príncipe que la llama del amor brotaba en su corazón, y sin duda al instante creyó que daría fin a aventura tan llena de encantos. Impulsado por el amor y el deseo de gloria, resolvió saber en el acto si era exacto lo que el campesino le había dicho, y apenas llegó al bosque cuando todos los añosos árboles, los rosales silvestres y los espinos se separaron para abrirle paso. Caminó hacia el castillo, que veía al extremo de una larga alameda, en la que penetró, quedando muy sorprendido al observar que los de su comitiva no habían podido seguirle porque los árboles volvieron a recobrar su posición natural y a cerrar el paso en cuanto hubo pasado. No por eso dejó de continuar su camino, pues un príncipe joven y enamorado siempre es valiente. Penetró en un extremo del patio, y el espectáculo que a su vista se presentó era capaz de helar de miedo. El silencio era espantoso; veíase en todas partes la imagen de la muerte y la mirada tropezaba en cuerpos de hombres y animales que parecía estaban privados de vida; pero bastole fijarse en la nariz de berenjena y en los encendidos carrillos de los suizos para comprender que sólo estaban dormidos; además, los vasos, en los que sólo se veían restos de vino, decían que se habían dormido bebiendo.

Atravesó otro gran patio con pavimento de mármol; subió la escalera y entró en la sala de los guardias, que estaban formando hilera con el arcabuz al hombro y roncando ruidosamente. Cruzó varios aposentos llenos de gentiles hombres y de damas, de pie los unos, sentados los otros, pero todos durmiendo. Penetró en una cámara completamente dorada y vio en una cama, cuyos cortinajes estaban abiertos, el más hermoso espectáculo que a su mirada se había presentado: una princesa, que parecía tener quince o dieciseis años y cuya deslumbradora belleza tenía algo de luminosa y divina. Aproximose a ella temblando y admirándola y se arrodilló al pie de la cama.

Como había sonado la hora en que debía tener fin el encantamiento, la princesa despertó; y mirándole con tiernos ojos, le dijo:

-¿Sois vos, príncipe mío? ¡Cuánto os habéis hecho esperar!

Y llenaron de contento al príncipe tales palabras, y más aun la manera como fueron dichas. No sabía como encontrarla su alegría y agradecimiento y la aseguró que la amaba más que a si mismo. Mal hilvanadas salieron las palabras de los labios de ambos, pero a esto se debió que fueran más atractivas, pues poca elocuencia es señal de mucho amor. La confusión del hijo del rey era mayor que la de la princesa, cosa que no ha de sorprender, pues ella había tenido tiempo de pensar en lo que le diría; pues se supone, aunque nada de ello indique historia, que la buena Hada le había procurado el placer de agradables sueños durante los cien años que estuvo dormida. Cuatro horas hablaron y no se dijeron la mitad de las cosas que querían decirse.

El encantamiento del palacio cesó al mismo tiempo que el de la princesa, y cada cual pensó en cumplir con sus deberes; pero como no todos estaban enamorados, su primera sensación fue la del hambre, que sensiblemente les aguijoneaba. La dama de honor, hambrienta como las demás, se impacientó y dijo a la princesa que la comida estaba servida. El príncipe la ayudó a levantarse. Estaba vestida con mucha magnificencia, pero guardose de decirla que su traza y tocado se parecían a los de su abuela y que la moda del cuello que llevaba había pasado hacia mucho tiempo; pero su vestido y adornos en nada disminuían su belleza.

Pasaron a un salón con espejos y en él cenaron servidos por los gentiles hombres de la princesa. Los músicos tocaron con los violines y los oboes antiguas piezas, pero muy bonitas, por más que hiciera cien años que nadie las tocaba y después de haber cenado, casoles sin pérdida de tiempo el gran limosnero en la capilla del castillo.

Al día siguiente el príncipe volvió a la ciudad en donde su padre debía estar con cuidado por su ausencia. Le dijo que cazando se había perdido en el bosque y había pasado la noche en la choza de un carbonero que le había dado pan negro y queso para cenar. El rey su padre, que era muy bonachón, le creyó, pero no del todo su madre al ver que casi todos los días iba a cazar y que siempre tenía una excusa a mano cuando pasaba fuera dos o tres noches, y supuso que se trataba de amores. El príncipe vivió con la princesa más de dos años y tuvo de ella dos hijos; una niña llamada Aurora, y el segundo un niño, al que pusieron por nombre Día, pues aun parecía más hermoso que su hermana.

La reina hizo varias tentativas para que su hijo le revelara su secreto, pero el príncipe no se atrevió a confiárselo, porque si bien la amaba, la temía por proceder de raza de ogros, a pesar de lo cual el rey había casado con ella porque su fortuna era grande. Además, se murmuraba en la corte, pero en voz muy baja, que tenía las inclinaciones de los ogros y que, al ver pasar los niños, con mucha dificultad lograba contener el deseo de devorarlos. A esto se debió que el príncipe nada le dijera.

Pero al cabo de dos años murió el rey, y al subir su hijo al trono, declaró públicamente su matrimonio y fue con gran ceremonia a buscar a la reina su esposa a su castillo. La recepción que le hicieron en la ciudad, que era la capital, cuando se presentó en medio de sus dos hijos, fue magnífica.

Algún tiempo después el príncipe fue a guerrear contra su vecino, el emperador Cantagallos. Confió la regencia a la reina madre y le recomendó mucho a su mujer y a sus hijos. Debía guerrear todo el verano; y en cuanto estuvo fuera, la reina madre envió su nuera y sus nietos a una casa de campo que había en el bosque para poder satisfacer con mayor libertad sus horribles apetitos. Algunos días después fue a la casa de campo y por la noche dijo a su mayordomo:

-Mañana quiero comerme a Aurora.

-¡Ah! señora…, exclamó el mayordomo.

-Lo quiero,- contestó la reina con tono de ogra que desea devorar carne fresca,- y quiero comerla en salsa picante.

El pobre hombre comprendió que no había que andarse con bromas con la ogra; tomó un enorme cuchillo y subió al cuarto de la pequeña Aurora. Tenía entonces cuatro años, y al verle corrió hacia él saltando y riendo, le abrazó y le pidió un caramelo. El mayordomo se puso a llorar, se le escapó el cuchillo y bajó al corral, degolló un cordero y lo aderezó con una salsa tan rica que la reina le dijo que nunca había comido cosa mejor. Al mismo tiempo el mayordomo llevó la pequeña Aurora a su mujer para ocultarla en su casa, que estaba situada a un extremo del corral.

Ocho días después aquella mala reina dijo a su mayordomo:

-Para cenar quiero comerme a mi nieto Día.

El mayordomo no replicó porque ya tenía formado el propósito de engañarla como la otra vez. Fue en busca del niño y hallole con un diminuto florete en la mano ensayándose en la esgrima con un mono, a pesar de que sólo tenía tres años. Llevole a su mujer, que le ocultó junto con Aurora, y el mayordomo sirvió a la reina madre un cabritillo muy tierno, que halló sabrosísimo.

Hasta entonces todo había marchado perfectamente pero una tarde aquella perversa ogra dijo al mayordomo:

-Quiero comerme a la reina aderezada en salsa picante, lo mismo que sus hijos.

El buen hombre quedó aplastado no sabiendo como engañarla. La joven reina tenía veinte años, sin contar los cien que había pasado durmiendo; el pobre funcionario desconfiaba de hallar en el corral una res cuyas carnes fueran semejantes a las de una princesa de tan extraña edad. El mayordomo, para salvar su vida, tomo la resolución de degollar a la reina y subió a su cuarto con la intención de realizar su propósito. Mientras subía se excitaba a la ira y entro puñal en mano. No quiso cogerla de sorpresa, y con mucho respeto le dijo cuál era la orden que le había dado la reina madre.

-Cumple tu deber, contesto ella tendiéndole el cuello; ejecuta la orden que te han dado y volveré a ver mis hijos, a mis pobres hijos, a quienes amaba tanto.

Desde que se los habían quitado sin decirle nada, la reina les creía muertos.

-¡No, no, señora!, exclamó el pobre mayordomo muy conmovido; no moriréis, pero no por eso dejaréis de ver a vuestros hijos, pues los veréis en mi casa en donde les he ocultado; y de nuevo engañaré a la reina sirviéndola una corza en vuestro lugar.

Llevola en el acto a su habitación y dejola que abrazara a sus hijos y confundiera sus lágrimas con las suyas, mientras él se fue a guisar la corza, que la ogra se comió a la cena con el mismo apetito que si hubiese sido la reina. Estaba muy satisfecha de su crueldad y se disponía a decir al rey, cuando regresara, que los lobos hambrientos se habían comido a su mujer y sus hijos.

Cierta noche que, según costumbre, rondaba por los patios y corrales del castillo por si olfateaba carne fresca, oyó que su nieto lloraba porque su madre quería pegarle por haber hecho una maldad, y también oyó la vocecita de Aurora, que pedía perdón para su hermano. La ogra reconoció la voz de la reina y de sus dos hijos, y llena de ira por haber sido engañada, ordenó al amanecer del día siguiente, con acento tan espantoso que todo el mundo temblaba, que pusieran en medio del patio un enorme tonel que hizo llenar de sapos, víboras, culebras y serpientes para arrojar en él a la reina, sus hijos y al mayordomo, su mujer y su criada, mandando que los trajeran con las manos atadas a la espalda.

En el patio estaban los infelices, y los verdugos se disponían a echarlos en el tonel, cuando el rey, a quien no se esperaba tan pronto, entró de repente a caballo. Había corrido mucho y preguntó muy admirado qué significaba aquel horrible espectáculo. Nadie se atrevía a contestarle, cuando la ogra, furiosa al ver lo que pasaba se arrojó la primera de cabeza al tonel y en un instante fue devorada por los asquerosos reptiles que había mandado echar dentro. El rey no dejó de sentir disgusto, pues era su madre, pero pronto se consoló con su hermosa mujer y sus hijos.

lunes, 10 de julio de 2017

A veces me pongo a pensar...

A veces me pongo a pensar... Si habrás encontrado a alguien que se parezca a mi o si seguirás buscando lo que encontraste cuando me conociste...
Si echarás de menos nuestras noches de desvelos y nuestros secretos a escondidas o si ahora será otra la que pase contigo tus noches de insomnio y escuche tus penas y agonías.
Pero sobre todo pienso en si te habrás arrepentido de haberme dejado marchar, de tratarme como a otra de las que te hirieron y nada más, de dejarme tirada hasta que me cansé y ya no aguanté más...
Si, a veces me pongo a pensar... Y ojalá que tú también hayas pensado en mí muchas veces más, mientras dejaste el tiempo pasar.

Abrahel

viernes, 23 de junio de 2017

Creo que estaba enamorado

Sufría de un extraño sentimiento que me llenaba de indecisión.
Unos días decidía no hablarle más, sólo dejarle ir;
y otros, sólo moría por verla, necesitaba estar junto a ella.
Creo que estaba enamorado, creo que aún padezco de amor.

Edwin Vergara

viernes, 16 de junio de 2017

Cosas que se deben saber sobre los Duendes domésticos (II): ¿Por qué a un Duende le resulta atractiva una casa?

Como el resto de los seres mágicos asociados al «entorno de la penumbra», los duendes sólo se manifiestan al anochecer, período en el que desarrollan una intensa actividad. Bromistas y descarados, gustan de gastar bromas pesadas de forma especial a quienes duermen, haciéndoles cosquillas con sus dedos fríos, quitándoles la manta y la sábana o tapándoles la nariz, para dificultar su respiración.

Algunos, como los tardos, son peligrosos para los niños y para los adultos, en tanto que otros apenas pueden hacer otra cosa que dar pequeños sobresaltos a los humanos que encuentran a su paso.

Como, en el fondo, lo que les gusta a los duendes es la diversión, disfrutan bailando por toda la casa, saltando en los tejados, arrojando piedras y arrastrando, a veces, cadenas. En ocasiones, su descaro llega hasta el punto de usar como monturas a los durmientes. Sus lugares favoritos son los desvanes, las cuadras y las cocinas, donde construyen sus entradas o puentes de contacto entre su dimensión astral y nuestra dimensión física. Perezosos y gandules, es cierto que hay pruebas de que ayudan a determinadas personas en las labores de la casa, pero siempre a cambio de algo. En ese sentido, se sabe que se les puede convencer ofreciéndoles un cuenco lleno de leche o dándoles alguna que otra golosina, pero nunca ropa o vestidos, como luego veremos.

Los duendes no abandonan el lugar en el que viven, salvo que los dueños de la casa quiten de la misma todo aquello que pueda hacer que les guste. El problema es descubrir qué es lo que les hizo venir, ya que no debe olvidarse que los duendes pueden ser convocados, consciente o inconscientemente, por el ser humano y, por consiguiente, pueden estar agazapados en espera de encontrar el momento idóneo para manifestarse. Así, una casa puede estar infestada de duendes y éstos no aparecerán hasta el momento en que, por ejemplo, un cambio en la decoración o en el mobiliario la convierta de golpe en un lugar enormemente atractivo para ellos. Estamos hablando de casas rurales y campestres porque, por lo que se refiere a las ubicadas en las grandes ciudades, suelen huir de ellas como gato escaldado. Aborrecen el ruido, la contaminación y todo aquello que no sea puro y natural, aunque existen varios casos célebres de duendes que han desarrollado sus trastadas en viviendas urbanas.

Los autores tenemos serias sospechas de que uno de los elementos que interactúa para que a un duende le sea más atractiva una casa, masía, desván, cocina o establo, con preferencia a otro cualquiera dentro de la misma población, es el relativo a los cruces telúricos (más recientemente llamados redes Hartmann). Así como la reina de un hormiguero elige construir su ciudad en el centro de un cruce de dos líneas telúricas o fuerzas energéticas terrestres, o así como un perro gusta de acostarse en los lugares menos perniciosos o geopatógenos de estas invisibles bandas (al contrario que los gatos, que se recargan con estos focos energéticos), también creemos que los duendes domésticos y otros seres invisibles prefieren aquellos habitáculos que irradien una especial densidad vibratoria que les permite conectar inmediatamente con su longitud de onda y, por tanto, con sus gustos y sensibilidad. Son entradas o lugares que la cultura china llamaba zonas de subida de demonios. No deja de ser curioso que en una de las calles de Barcelona, en concreto la calle Basea, situada en el casco antiguo de la ciudad, y siempre según la tradición popular, se localizase una casa enduendada o encantada, que comunicaba directamente con el «infierno», un lugar por donde los demonios podían entrar y salir libremente, hasta el punto que las gentes que pasaban por dicha calle se persignaban y prohibían a los niños que se acercasen por allí.

De todo lo expuesto hasta aquí, se infiere que, a pequeñas y grandes escalas, estas zonas especiales existen en todas las partes del mundo, algunas de tal envergadura sociológica que se ha afirmado que son lugares mágicos porque habitan los llamados «genius locis», o genios locales, debido a que en ellos se producen en mayor medida esas confluencias de energías cosmotelúricas que les hace susceptibles de provocar cualquier tipo de manifestaciones paranormales.

Por último, también pensamos que para que un duende se manifieste en una determinada vivienda, haciéndose sentir con todas sus consecuencias, se requiere al menos una materialización parcial de este ser, pues es evidente que los objetos se mueven por la acción de algún ente que, si bien invisible para nosotros, debe estar suficientemente materializado o corporeizado para llevar a cabo sus fines en este medio físico, por lo que sólo pueden producirse dichas manifestaciones en presencia, o bajo los efectos, de un ser vivo (que puede ser el dueño de la casa, el hijo, la criada, o quien fuere), dotado de condiciones mediúmnicas. Estas personas, junto con las demás circunstancias descritas, son los que, a nuestro juicio, hacen de puente entre nuestro mundo y el suyo, los cuales, recordemos, están superpuestos.

Cuanto mayor sea el poder psíquico del viviente —del que la gran mayoría de las veces no es consciente —, mayor grado de presencia en la casa tendrá el duende en cuestión y más fácilmente será visible su cuerpo energético para el resto de la familia y otros eventuales testigos.

martes, 13 de junio de 2017

La iglesia católica

Al contrario de las antiguas religiones y tradiciones, el catolicismo se declaró, como ya hemos dicho, antireencarnacionista en el II Concilio de Constantinopla.

Entiende esta filosofía que el alma ha sido creada por Dios y que no posee cualidades divinas, al ser una sustancia aparte de su creador.

Es ésta una de las pocas doctrinas que es trinitaria con respecto a la divinidad y dual con respecto al hombre. Para el catolicismo, el ser humano está formado de cuerpo y alma; muy al contrario del primitivo cristianismo que afirmaba la Trinidad del hombre. Al menos así leemos en la epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 5º, versículo 23: «Que Él, el Dios de la paz os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida.»

Afirma esta religión que después de una sola y única existencia, el alma del hombre recibe según su pasado comportamiento, un premio (cielo) o un castigo (infierno), definitivos, para toda la eternidad. Sin embargo, en su propio catecismo se lee, por ejemplo, que después de la vida viene: «Muerte, Juicio, Infierno y Gloria». Extraña redacción (debiera ser: «Muerte, Juicio, Infierno o Gloria») que no puede ser aclarada desde el prisma oficial.

La interpretación católica del más allá es similar a la de los fariseos. La vida eterna se adquiere a través de un nuevo nacimiento después de concluida la existencia; entre la vida en el mundo y la vida ultraterrena no hay una continuidad. Sólo a través de este renacimiento se llega a la Divinidad. Pero no sólo eso: para lograr la trascendencia no son suficientes las acciones humanas en su avance hacia la perfección; el hombre necesita de la gracia de Dios. La salvación es un regalo de lo Alto porque el alma humana no es esencialmente inmortal.


lunes, 12 de junio de 2017

Genios y Jinas

Sólo a partir del siglo XVII se aplica el nombre de genio al talento intuitivo o creador de los seres humanos en sus manifestaciones más altas. Pero mucho antes, los llamados «genios» eran otra cosa.

El genius era una divinidad tanto de los griegos como de los romanos, que regía el nacimiento de cada mortal. Vivía unido a él durante el transcurso de su vida, conocía todos sus pensamientos y le guiaba en todas sus acciones. Cada individuo tenía dos genios: uno bueno que lo inclinaba al bien y otro malo que hacia lo propio en el signo contrario. En la antigua Roma, los genios (del latín gignere = engendrar) llegaron a representar las entidades espirituales de cada ser: persona, deidad, lugar o grupo social. Su misión era protectora. Al principio, en cambio, sólo representaban la virilidad en los hombres (las mujeres tenían junos), por eso el lecho nupcial se llamaba lectus genialis, porque el concepto primordial de genio es una fuerza divina que engendra. Aun cuando las funciones del genio fueron ampliándose, uno de ellos siempre velaba por la fertilidad de la pareja. Cada individuo, cada provincia, cada país, cada casa, cada montaña… tenía su propio Genii, y para cada uno existían diferentes símbolos y representaciones. También el pueblo (populus) tenía su genio protector: Genius Populi.

En todos aquellos lugares donde los romanos se asentaron es frecuente encontrar testimonios epigráficos dedicados a las diferentes clases de genios, como ocurre en Asturias y en León.

El culto de los genios tendía a confundirse con el de los dioses lares de origen etrusco, encargados de velar por el recinto doméstico y vigilar las encrucijadas, y también con el de los manes, en su origen genios tutelares de la casa y luego almas de los antepasados. La entidad griega que corresponde en cierto modo al genio romano es el daimon que hablaba a Sócrates. En el cristianismo se corresponde con el Ángel de la Guarda.

En ocultismo, los genios son identificables con espíritus de la naturaleza; son fuerzas dinámicas que animan objetos y producen fenómenos. Se admite que existen genios guardianes de ciertos lugares que no deben ser profanados (el genius loci). El equivalente a los «elementales», o genios de la tradición judeocristiana, serían los jinn o jinas de la tradición musulmana, que es incluso anterior a ella.

Sabemos que casi todas las religiones hunden sus raíces en revelaciones recibidas de entidades no humanas, pero el islam además ha profundizado en el conocimiento de las mismas describiendo, con lujo de detalles en ocasiones, algunas de sus manifestaciones, en concreto de los denominados «jin» o «djinn», palabra que proviene, según Roso de Luna, de la misma raíz de la que procede la palabra «genio», que encontramos en todas las lenguas arias con el significado de «divinidad menor» o «espíritu de la naturaleza».

La mitología musulmana no cree que Adán haya sido el primer ser racional que habitó el mundo, sino que tan sólo lo considera como el padre de los seres humanos. Esto, que a primera vista parece contradictorio, se explica porque ellos piensan que la Tierra estaba poblada anteriormente, unos 2000 años antes, por seres superiores al hombre que eran denominados «genios» o jinas, de los cuales existían dos clases:

1. Los peris, o genios bienhechores.
2. Los devas, o genios maléficos, entre los que destacan los genn o jinas.

Es decir, se trataría de una raza preadámica (anterior al Homo sapiens) que en un momento dado se rebeló contra Dios y fue alejada a lugares distantes. Como puede observarse, estas leyendas tienen puntos en común con las tradiciones escandinavas de las Eddas y con las teorías cabalísticas, en el sentido de que:
  • Todos ellos los consideran una raza anterior al hombre. 
  • Están a mitad de camino entre los ángeles y los hombres. 
  • Se diferencian en dos grupos nítidos. 
  • Tienen un gran poder, pero a la vez son sumamente ingenuos. 
  • Se equiparan a almas de difuntos o con entidades del bajo astral. 
  • La historia sobre su origen mítico es esencialmente la misma. 
Para la mitología árabe, los djinn son demonios o espíritus malignos que pueblan los desiertos árabes, y su existencia, así como su creencia, es muy anterior al islam, siendo respetada esta tradición por Mahoma. Los semitas ya consideraron a los jinas como fantasmas pertenecientes a pueblos derrotados Y desaparecidos.

Según Borges, siguiendo en su exposición a la tradición islámica, Alá hizo a los ángeles con luz, a los jinas con fuego y a los hombres con polvo. Al principio, se muestran como nubes o como altos pilares indefinidos; luego, según su voluntad, asumen la figura de un hombre, de un chacal o de una culebra. Suelen tirar piedras a los hombres, raptan a mujeres hermosas y moran en ruinas, casas deshabitadas, en los ríos y los desiertos. Los egipcios pensaban que son la causa de las trombas de arena. Iblis o Eblis sería su padre y su jefe, considerado además el jina rebelde que se sublevó contra la orden de Alá de postrarse ante Adán.

Cabe preguntarnos, con cierta lógica, si estos genios árabes son exactamente iguales a aquellos ángeles caídos del cristianismo, y la respuesta nos la dan los cabalistas y ocultistas. Para ellos, los genios son otra clase de espíritus inferiores que están a las órdenes de los ángeles (serían los «daemones» de los griegos), y serían aquellos que en la época medieval fueron llamados «elementales», pero sin que puedan identificarse con los ángeles caídos, al menos de una forma absoluta.

Ya hemos visto que es fácil identificar a los genios con los elementales y con las almas de los difuntos, pero tal vez alguien se sorprenda que esta identificación llegue a terrenos estudiados por la ufología. El investigador inglés del fenómeno OVNI Gordon Creighton realizó hace algunos años un profundo estudio sobre estos seres, cuyas conclusiones publicó en su revista Flying Saucer. Nos comunica que los mahometanos creen en dos clases de espíritus: los ángeles y los jinas. Los primeros serían espíritus puros que, como ocurre en el cristianismo, intervienen lo menos posible en la vida de los hombres. Pero los jinas, inferiores en rango, están mucho más cerca de nosotros, entrometiéndose a veces en nuestras vidas. Expone varias características que les son comunes, las cuales ya nos resultan familiares y aplicables por entero a les seres «elementales»:
  • En su estado normal no son visibles para el hombre, aunque son capaces de materializarse y de presentarse en nuestro mundo físico. 
  • Pueden cambiar de tamaño y aparecer con cualquier disfraz, grande o pequeño, o en forma de animales. 
  • Son eternos mentirosos. Les encanta confundir a los humanos con todo tipo de juegos, invenciones y embustes. 
  • Les gusta raptar a algunos humanos y transportados por el aire, devolviéndolos, aturdidos, en lugares distantes. 
  • Les encanta tentar a los humanos en asuntos sexuales con el fin de tener relaciones de este tipo con ellos. 
  • Al parecer, en la jurisprudencia inuslín se admite que una mujer haya podido ser violada por un «jin». También se decía que las jinas o gennias (genios femeninos) nunca perdían la virginidad, la cual se reconstituía al poco rato de haber tenido un contacto carnal con los hombres, lo que no les impedía tener hijos. 
  • Algunos humanos, gracias a un extraño favor, han vivido en armonía con los jinas, obteniendo de ellos algún pacto por el que recibieron poderes y se convirtieron en hombres privilegiados. Creighton pone como ejemplo el caso de un librero parisino, especializado en libros raros y agotados, que tenía una especial amistad con un silfo, el cual le decía dónde podía encontrar los libros que necesitaba. 
  • Tienen un tremendo poder telepático y de encantamiento, bajo el que sucumbe cualquier mortal, pero al mismo tiempo suelen ser ingenuos y caer en los engaños que les tienden los humanos. 
En las traducciones de los cuentos orientales (en concreto de Las mil y una noches), se citan a los jinas como genios. Hay diversas clases de jinas que habitan el aire, la tierra, el mar, los bosques, las aguas dulces y el desierto. Lo que indica que, además de genios buenos y malos (siempre desde el punto de vista humano), existen diversas especies en las dos grandes familias: genios de las entrañas de la tierra (los subterráneos y los gnomos), de los bosques (faunos y hadas), de las aguas (ondinas, napeas, ninfas), de los aires (sílfides), del mar (sirenas), del fuego (salamandras), etcétera.

viernes, 9 de junio de 2017

Actividad paranormal en un cementerio argentino

Una muñeca que se encuentra en la tumba de una niña que falleció hace más de 12 años mantiene en vilo a los vecinos de la localidad argentina de Chañar, en la provincia de Córdoba.

Los empleados del cementerio dieron la voz de alarma en fechas próximas al día de Todos los Santos al descubrir, para su sorpresa, que el juguete que adorna la tumba lloraba de forma inexplicable. La noticia corrió como la pólvora y, numerosos habitantes, decidieron corroborar por sí mismos la veracidad del fenómeno. Las fotografías, difundidas a través de las redes sociales, se volvieron virales el día de los muertos, cuando mucha gente acudió al cementerio para visitar las tumbas de sus familiares fallecidos.

La muñeca está resguardada tras un cristal, al igual que el resto de los juguetes que los familiares depositaron en la tumba de la niña.

La hermana de la niña fallecida, comentó al periódico riojano el Fénix que su madre advirtió el hecho hace un mes atrás pero que ella siente temor ante el llanto de la muñeca y prefiere no indagar demasiado en el tema.

Según el rotativo los familiares admitieron que intentaron limpiar las “lágrimas” pero no se las pudieron sacar. “Es un líquido que le salió de los ojos”, dijeron.

jueves, 8 de junio de 2017

¿Serás tú ese Ángel?

Un día le dije a un supuesto ángel, que quería ser el demonio de sus desvelos...
Pero ni era un ángel, ni estaba destinado a ser para esta Demonia.
Me siguió ocultándo tras máscaras de amor, hasta que por fin voló solo y yo lo vi marchar.
Me deslumbró su luz en medio de tanta oscuridad en la que estaba sumergida, pero ya aprendí la lección...
Ahora sólo me dejo iluminar por los ojos en los que puedo ver el alma...
¿Serás tú el dueño de esos ojos? ¿Serás tú ese Ángel?

Abrahel 


domingo, 4 de junio de 2017

Leyenda de El fantasma de Ana Bolena

El fantasma de Ana Bolena, puede fácilmente ser uno de los más famosos de todos los tiempos; aunque su espectro fue visto por última vez en 1933, sus apariciones sobrepasaron los 30.000 mil avistamientos desde el día de su muerte el 19 de mayo de 1536.

Ana Bolena, nació en 1507 en Norfolk, era hija del conde de Wiltshire, Thomas Bolena y de Elizabeth Howard y fue reina al convertirse en la segunda de seis esposas del monarca Enrique VIII, el 25 de enero de 1533. Pero la historia de este matrimonio fue corta, Ana trajo al mundo una niña como primer hijo; ella fue Elizabeth, quien luego sería la única hereda al trono. El rey se sintió muy decepcionado ante este hecho y su descontento aumentó, cuando más tarde la reina concibió un varón, el cual nació muerto.

No pasó mucho tiempo, para que se ideara la manera de deshacerse de ella, y así fue acusada de tener amoríos con un músico y su propio hermano George. Fue juzgada y condenada a muerte bajo los delitos de adulterio e incesto, y decapitada el 19 de mayo de 1536, para después ser enterrada en la Torre de Londres.

Fueron siglos y siglos en los cuales las personas declararon ver el fantasma de Ana Bolena vagando por los calabozos de la Torre de Londres, siendo la más impresionante de sus apariciones aquella que se dio el invierno de 1864.

Un guardia de la Torre fue hallado inconsciente, y lo acusaron de quedarse dormido en su puesto, por este motivo lo sometieron a un tribunal militar. En su declaración el guardia dijo que se había topado con una figura blanca que emergía de una neblina espesa, tal presencia no tenía cabeza y caminaba directo hacia él. Como parte de su deber, el soldado mencionó las advertencias requeridas, sin embargo la figura no se detuvo en ningún momento y se vio en la necesidad de atravesarla con su bayoneta, siendo él quien resultara herido, al recibir una descarga que viajó por su arma dejándolo tirado en el suelo sin conciencia.

En un principio no fue posible que creyeran su testimonio, pero también un oficial y varios soldados declararon la visión del espectro en la ventana del cuarto donde Ana Bolena pasó su última noche. Tras estas declaraciones el tribunal optó por liberar al guardia.

Aunque el fantasma fue visto por última vez hace mucho tiempo, tal vez se trata solo de un periodo de descanso y en cierto momento se escuchará de nuevas apariciones, ya sea sola como acostumbraba hacerlo o en procesión hacia la Capilla de San Pedro como se le vio un par de veces.

viernes, 2 de junio de 2017

Algunas leyendas de gnomos

Una leyenda narra que en Löven se sirvieron de unos kaboutermannikins para levantar el campanario de una iglesia. Una vez realizado el trabajo, los ciudadanos de la población aportaron cada uno varias monedas de oro y plata con las que pagaron a los mannikins. Estos, entusiasmados ante aquella catarata de monedas se escondieron en su cueva reforzada con vigas de madera, y allí permanecieron durante muchos años, contando aquel tesoro una y otra vez.

Unos siglos más tarde, carcomidas por la humedad las vigas de la caverna, un buen día cedieron, y la techumbre rocosa se derrumbó, sepultando a los mannikins y su tesoro. Desde entonces, han sido numerosos los que han intentado encontrar dicho tesoro, sin ningún éxito.

También en España existen diversas leyendas relativas a los gnomos, siendo una de las más curiosas la siguiente:

Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados de sus guaridas, bajan en rebaño por su falda, y más de una vez los hemos oído aullar en horroroso concierto, no sólo en los alrededores de la fuente sino en las mismas calles del lugar; pero no son los lobos los huéspedes más terribles del Moncayo; en sus profundas simas, en sus cumbres solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven unos espíritus diabólicos wue durante la noche bajan por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vacío, y hormiguean en la llanura, y saltan de roca en roxa, juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de los árboles. Ellos son los que aúllan en las grietas de las peñas; ellos los que forman y empujan esa inmensa bola de nieva que baja rodando desde los altos picos y arrolla y aplasta cuando encuentra a su paso; ellos los que llaman con el granizo a nuestros cristales en las noches de lluvia, y corren como llamas azules y ligeras sobre el haz de los pantanos.

Entre estos espíritus que, arrojados de las llanuras por las bendiciones y los exorcismos de la Iglesia, han ido a refugiarse en las crestas inaccesibles de las montañas, los hay de diferentes naturalezas y que, al parecer, a nuestros ojos se revisten de formas variadas. Los más peligrosos, sin embargo, los que se insinúan con dulce palabras en el corazón de las jóvenes y las deslumbran con sus promesas magníficas, son los gnomos. Los gnomos viven en las entrañas de los montes; conocen sus caminos subterráneos y, eternos guardadores de los tesoros que encierran, velan día y noche junto a los veneros de los metales y las piedras preciosas.

¿Veis esa inmesa mole coronada aún de nieve? Pues en su seno tienen sus moradas esos diabólicos espíritus. El palacio que habitan es horroroso y magnífico a la vez.

Hace muchos años que un pastor, siguiendo a una res extraviada, penetró por la boca de una de esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos matorrales y cuyo fin no ha visto ninguno. Cuando volvió al lugar estaba pálido como la muerte; había sorprendido el secreto de los gnomos; había respirado su envenenada atmósfera y pagó su atrevimiento con la vida; pero antes de morir refirió cosas estupendas. Andando por aquella caverna adelante, había encontrado al fin unas galerías subterráneas e inmensas, alumbradas con un resplandor dudoso fantástico, producido por la fosforescencia de las rocas, semejantes allí a grandes pedazos de cristal cuajado de mil formas caprichosas y extrañas. El suelo, la bóveda y las paredes de aquellos extensos salones, obra de la naturaleza, parecían jaspeados como los mármoles más ricos; pero las vetas que los cruzaban eran de oro y plata, y entre aquellas vetas brillantes se veían incrustadas multitud de piedras preciosas de todos los colores y tamaños. Allí había jacintos y esmeraldas en montón, diamantes, rubíes, zafiros y otras muchas piedras desconocidas que él no supo nombrar; pero no tan grandes y tan hermosas, que sus ojos se deslumbraron al contemplarlas. Ningún ruido exterior llegaba al fonde de la fantástica caverna; sólo se percibían a intervalos unos gemidos largos y lastimosos del aire que discurría por aquel laberinto encantado, un rumor confuso de fuego subterráneo que hervía comprimido, y murmullos de aguas corrientes que pasaban sin saberse por dónde.


El pastor, solo, perdido en aquella inmensidad, anduvo no sé cuantas horas sin hallar la salida, hasta que por último tropezó con el nacimiento del manantial cuyo murmullo había oído. Éste brotaba del suelo como una fuente maravillosa, como un salto de agua coronado de espuma, que caía formando una vistosa cascada produciendo un murmullo sonoro al alejarse resbalando por entre las quebraduras de las peñas. A su alrededor crecían unas plantas nunca vistas, con hojas anchas y gruesas las unas, delgadas y largas como cintas flotantes las otras. Medio escondidos entre aquella húmeda frondosidad discurrían unos seres extraños, en parte hombres, en parte reptiles, o ambas cosas a la vez, pues transformándose continuamente, ora parecían criaturas humanas, deformes y pequeñuelas, ora salamandras luminosas o llamas fugaces que danzaban en círculos sobre la cúspide del surtidor. Allí, agitándose en todas direcciones, corriendo por el suelo en forma de paredes, babeando y retorciéndose en figura de reptiles, o bailando en apariencia de fuegos fatuos sobre el haz del agua, andaban los gnomos, señores de aquellos lugares, cantando y removiendo sus fabulosas riquezas. Ellos saben dónde guardan los avaros esos tesoros que en vano buscan después los herederos; ellos conocen el lugar donde los moros, antes de huir, ocultaron sus joyas; y las alhajas que se pierden, las monedas que se extravían, todo lo que tiene algún valor y desaparece, ellos son los que lo buscan, lo encuentran y lo roban, para esconderlo en sus guaridas, porque ellos saben andar todo el mundo por debajo de la tierra y por caminos secretos e ignorados. Allí tenían, pues, hacinados, un montón de toda clase de objetos raros y preciosos. Había joyas de un valor inestimable, collares y gargantillas de perlas y piedras finas; ánforas de oro de forma antiquísima llenas de rubíes; copas cinceladas, ricas armas, monedas con bustos y leyendas imposibles de conocer o descifrar; tesoros, en fin, tan fabulosos e inmensos, que la imaginación apenas puede concebirlos. Y todo brillaba a la vez lanzando unas chispas de colores y unos reflejos tan vivos, que parecía como que todo estaba ardiendo y se movía y temblabla. Al menos, el pastor refirió que así le había parecido.

En el momento en que la avaricia, que a todo se sobrepone, comenzaba a disipar el miedo del pastor, y alucinado a la vista de aquellas joyas de las cuales una sola bastaría para hacerle poderoso, iba a apoderarse de algunas cuando oyó claro y distinto en aquellas profundidades, y a pesar de las carcajadas y las voces de gnomos, del hervidero subterráneo, del rumor de las aguas, como si estuviese al pie de la colina en que se encuentra, el clamor de las campanas que hay en la ermita de Nuestra Señora del Moncayo.

Al oír la campana que tocaba el Ave María, el pastor cayó al suelo invocando a la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, y sin saber cómo ni por dónde se encontró fuera de aquellos lugares, y en el camino que conducía al pueblo, echado en una senda y presa de un gran estupor, como si hubiera salido de un sueño.

Desde entonces se explicó a todo el mundo por qué la fuente del lugar trae a veces entre sus aguas como un polvo finísimo de oro; y cuando llega la noche, en el rumor que produce, se oyen palabras confusas, palabras engañosas con que los gnomos que la corrompen desde su nacimiento procuran seducir a los incautos que les prestan oídos, prometiéndoles riquezas y tesoros que han de ser su condenación.

jueves, 1 de junio de 2017

Belle Gunnes, la viuda negra

La vida austera no suele gustar a quien tiene en mente una forma de vida más desahogada que la que le ha tocado vivir. Cualquier persona quiere avanzar economica y socialmente, y llegar a ser lo suficiente solvente para poder tener todo aquello que desea y que su nivel económico le impide conseguir.

Ahora, bien, ¿hasta donde se puede llegar para conseguir la anhelada posición?


Brynhilde Paulsetter Sorenson lo tuvo claro.

Nacida en el seno de una familia de granjeros en Noruega el año 1859, Brynhilde comenzó a labrarse el oficio de malabarista, gracias a que su progenitor obtenía ingresos extra trabajando en variaos espectáculos ambulantes de los que recorrían el país en ese siglo XIX.

Fue esa labor paterna la que valió a la familia Pulsetter una cierta fama en el pais escandinavo, y con el dinero obtenido, la joven decidió viajar hasta la prometedora América para triunfar y conseguir una más que merecida, pensaba ella, fortuna.

Con 19 años, parte de los trabajos que realizó para mantenerse fueron proporcionados por algunos compatriotas residentes en Estados Unidos.

Pero los escasos dólares que la joven percibía por sus labores no eran suficiente para acallar la voz codiciosa que le hablaba en su interior.

En poco tiempo se casó con un sueco llamado Mads Sorenson, con el que consiguió cierta estabilidad. La amargura no tardó en aparecer, ya que la noruega no se quedaba embarazada. El matrimonio decidió entonces adoptar a tres pequeñas: Jenny, Myrtle y Lucy.

La familia mantenía un nivel social modesto, pero suficiente para no pasar penurias y mantener un cierto nivel de vida.

Para tranquilizar a su mujer, que vivía, al parecer, atemorizada por un futuro incierto si el marido moría, este firmó dos pólizas de seguro, por si algún mal privaba a la familia de la persona que traía dinero a casa.

A los pocos días de firmar, Mads moría, según los médicos, por un ataque al corazón.

La viuda cobró los 8.500 dólares de las pólizas y al percibir que los familiares de Mads parecían sospechar algo extraño en la muerte del hombre, se trasladó hasta Austin, Texas, donde compró una casa de huéspedes.

Al poco tiempo de abrir, la casa comenzó a perder clientes. La comida ofrecida por la noruega no era todo lo buena que se esperaba, y el trato dejaba bastante que desear.

Aseguró el local, afortunadamente, unos pocos días antes de que ardiera presa de un misterioso incendio. En esta ocasión fueron 4.000 dólares los que pasaron a engrosar la hacienda de Brynhilde.

Idéntica suerte corrió el siguiente negocio montado por la mujer, que se cambió de nuevo de ciudad.

En La Porte, Indiana, compró una pequeña granja. Abatida, conoció en aquella época a Peter Gunnes, un noruego con el que se casó, y del que, sorprendentemente a los 44 años, quedó encinta.

Belle, como se dio por llamar en los Estados Unidos, era muy habilidosa con las herramientas propias del trato con el ganado, en especial con los relacionados con el oficio de matarife.

Fue uno de estos utensilios el que, desgraciadamente, cayó sobre la cabeza del desprevenido Peter, matándolo en el acto. Fue unos días después de firmar una jugosa póliza de seguros, claro.

La hija mayor, Jenny, comenzó a decri que su padre había sido asesinado por su madre, pero ¿quién iba a creer a una niña de diez años?

La jovencita desapareció de la granja, rumbo a una mejor educación en California, decía su madre.

Belle comenzó a insertar anuncios en los periódicos de la zona, ofreciéndose para compartir su vida con algún solterón o viudo. A cambio ofrecía su belleza y sus ciudados.

Antes, claro, tuvo que adecentar su estropeada boca, eliminando las pocas piezas que le quedaban y cambiándolas por una dentadura de oro.

Los anuncios tuvieron éxito, y fueron muchos los que acudieron a la granja. La condición para recibirles era sencilla: cada prentendiente tenía que aportar, en efectivo y en ese momento, una cantidad de 5.000 dólares.

Los hombres iban desapareciendo uno tras otro, sin dejar rastro ni sospecha, pero ni siquiera en el mal comunicado país de principios del siglo XX tal cantidad de desaparecidos pasaban desapercibidos.

Al notarse asediada a preguntas, ya que las pistas de alguno de los pretendientes llegaban hasta su granja, Belle comenzó a fraguar su último crimen.

El 28 de abril de 1908 la población cercana se levantó conmocionada al descubrir como ardía la granja de Belle. Al llegar hasta allí, descubrieron con horror los cuerpos sin vida y carbonizados de las dos niñas y el niño que había tendo con Peter. Junto a ellos, el cuerpo decapitado de quien parecía Belle. Las sospechas afloraron ya que el cuerpo encontrado no se correspondía con la envergadura de la noruega, y se inició una investigación.

Alrededor de la casa se encontraron restos de unas catorce personas. Entre ellas, la pequeña Jenny.

Se detuvo a un antiguo amante de Belle, quien confesó la terrible verdad: el cuerpo era de una camarera, asesinada por la mujer para hacerla pasar por ella, y desaparecer con su fortuna, en pos de nuevas víctimas. A día de hoy se ignora si realmente ocurrió esto así, y si la Viuda Negra continuó su tenebrosa labor a lo largo de los Estados Unidos de preguerra, pero su nombre figura en la lista negra de la Historia.